En 1997, en el prólogo de la segunda edición de mi libro Cáncer mamario, escribí:
“[…] Los permanentes y continuos avances en cancerología, y específicamente en cáncer mamario, como son los estudios en biología molecular, la aparición de la citometría de flujo y el avance soberbio en imaginología diagnóstica, han llevado a un inusitado aumento del diagnóstico de cánceres tempranos, a la cirugía de reconstrucción mamaria posmastectomía como una respuesta a la estética femenina, a la aparición de la mastectomía profiláctica como una prevención de la enfermedad en personas de reconocido alto riesgo, y al advenimiento casi permanente de nuevos esquemas de quimioterapia que, con el avance en la técnicas de radioterapia, le han dado un nuevo enfoque de tratamiento a los cánceres avanzados, como al carcinoma inflamatorio; todo esto ha hecho que tengan un avance inusitado la ciencia y el arte de la mastología[…]”.