Autores: García Jau Rosa Alicia, Moreno Terrazas Efigenia , Lizárraga Rodríguez Daniel, Benitez Pascual Julio, Rocha López Adelina , Urías Barreras Cunthia Marina
Introducción
Durante el último año, la violencia en el estado de Sinaloa ha dejado de ser un fenómeno exclusivo del ámbito comunitario para penetrar profundamente en los espacios escolares, afectando no solo la seguridad física de los estudiantes, sino también su salud emocional, desarrollo académico y bienestar integral. En el contexto mexicano, la percepción de inseguridad tanto en zonas urbanas como rurales ha aumentado de forma sostenida, generando entornos educativos en los que el miedo y la incertidumbre se han normalizado. Esta situación no solo limita el ejercicio pleno del derecho a la educación, sino que también provoca consecuencias psicosociales significativas en la población estudiantil, tal como lo ha señalado la literatura científica reciente (1). Diversas investigaciones han documentado que la exposición directa o indirecta a eventos violentos puede detonar síntomas de trastorno de estrés postraumático (TEPT), especialmente en adolescentes, quienes resultan más vulnerables debido a la etapa de desarrollo emocional que atraviesan (2). En encuestas nacionales, se ha reportado que una proporción considerable de jóvenes mexicanos ha experimentado situaciones traumáticas relacionadas con la presencia de personas armadas, detonaciones de alto calibre, “levantones” o robos. Cuando estos hechos ocurren cerca de las instituciones educativas, las secuelas emocionales en los estudiantes son aún más evidentes. Esta constante exposición a la violencia provoca irritabilidad, ansiedad y alteraciones emocionales que repercuten negativamente en el desempeño académico y las relaciones interpersonales (1). La escuela, tradicionalmente concebida como un espacio seguro, ha perdido progresivamente esta función. La violencia comunitaria y escolar ejerce un impacto directo sobre el bienestar de los alumnos, afectando su rendimiento y permanencia académica (3). En la Facultad de Odontología, por ejemplo, se observa que los enfrentamientos cercanos al plantel provocan suspensión de clases presenciales o migración temporal a modalidades virtuales, lo que altera la normatividad y el proceso formativo de los estudiantes. Frente a este panorama, resulta prioritario implementar programas educativos orientados a la conservación de la vida y al fortalecimiento emocional de los alumnos, que les brinden herramientas para actuar con serenidad durante situaciones de riesgo y prevenir el desarrollo de trastornos psicológicos severos. Diversos autores coinciden en que un enfoque integral de prevención de la violencia, desde las primeras etapas escolares, representa una medida eficaz para promover la resiliencia y el bienestar emocional (4). La educación emocional se posiciona como una herramienta clave para disminuir los comportamientos agresivos y mejorar la convivencia en el entorno educativo. En este sentido, la prevención de la violencia escolar debe abordarse desde múltiples perspectivas, integrando la intervención psicoeducativa, el fortalecimiento institucional y la participación activa de las familias y la comunidad (5). La violencia en los planteles educativos de Sinaloa no es un fenómeno aislado, sino un problema estructural que puede manifestarse en cualquier momento del día, afectando el entorno escolar y a sus integrantes. Por ello, se propone reforzar estrategias que promuevan el respeto, la convivencia pacífica, y la empatía entre los alumnos, además de implementar programas psicológicos de atención ante eventos de narcoviolencia, garantizando la protección de los derechos humanos y la reconstrucción del tejido social en el ámbito educativo sinaloense.
Objetivo
Analizar el impacto de la narcoviolencia en el entorno escolar sobre el miedo al salir de casa, la inseguridad dentro de la escuela los problemas psicológicos y las dificultades del aprendizaje académico en los alumnos de la facultad de odontología de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Material y métodos
Tiene un enfoque cuantitativo, con un diseño descriptivo no experimental. centrándose en cuatro dimensiones específicas: miedo, percepción de inseguridad, síntomas de estrés postraumático, funcionamiento académico y percepción del apoyo institucional, a través de un instrumento estructurado de estilo de Likert con un total de 20 reactivos, aplicado a una población de 193 alumnos de tercero y quinto semestre que quisieran participar y consentimiento firmado .Los resultados fueron capturados en excel, y se analizaron con estadística descriptiva y la prueba chi-cuadrado de Pearson mediante SPSS 26®.
Resultados
En la presente investigación participaron un total de 193 estudiantes, de los cuales el 67% (n=129) correspondió al género femenino y el 33% (n=64) al masculino (Gráfica 1). Esta distribución refleja una mayor participación de mujeres en el estudio. En relación con la percepción de seguridad al desplazarse de casa hacia la escuela, el 37% de los estudiantes indicó sentirse “a veces” inseguros, seguido del 15% que reportó “rara vez” y del 11% que manifestó sentirse inseguros “siempre”. Solo el 4% señaló no experimentar inseguridad en este contexto (Gráfica 2). Estos resultados evidencian que una proporción considerable de alumnos percibe riesgo al transitar hacia su institución educativa, especialmente ante la posibilidad de presenciar actos de violencia o balaceras en las inmediaciones escolares. Respecto a las alteraciones del sueño relacionadas con la violencia, el 32% indicó que “nunca” ha presentado dificultad para dormir por preocupaciones vinculadas con la inseguri- dad, mientras que el 36% mencionó que “rara vez” lo expe- rimenta. Sin embargo, un 22% manifestó que “a veces” tiene problemas para conciliar el sueño, y un 10% lo hace “frecuentemente” o “siempre” (Gráfica 3). Estos hallazgos sugieren la necesidad de implementar programas psicosociales orientados al fortalecimiento emocional de los alumnos, a fin de mitigar los efectos psicológicos asociados al miedo y la ansiedad. En cuanto a la percepción del entorno escolar, el 42% de los encuestados consideró que la escuela “a veces” no es un lugar seguro, mientras que un 28% opinó que “rara vez” y un 9% que “siempre” percibe inseguridad dentro del plantel. Solo un 10% manifestó que “nunca” siente inseguridad en este espacio (Gráfica 4). Estos datos reflejan la importancia de reforzar los protocolos de seguridad institucional y establecer estrategias de acompañamiento psicológico ante eventos de violencia, tanto dentro como en los alrededores de la escuela.
Discusión
Los resultados de la presente investigación revelan una eleva- da prevalencia de miedo constante o frecuente a la ocurrencia de balaceras en las inmediaciones escolares, reportada por el 66% de los estudiantes encuestados. Este hallazgo se alinea con estudios previos sobre el impacto psicológico de la violencia en contextos escolares y la población mexicana (6,7). El miedo reportado por los estudiantes puede considerarse una forma de hipervigilancia emocional, que responde no solo a experiencias directas de violencia, sino también a la constante presencia de personas armadas en las calles. Del Tronco (8) plantea que la violencia escolar debe abordarse desde un enfoque multidimensional, que considere las dimensiones psicológicas del alumno y fomente estructuras ins- titucionales que garanticen su seguridad dentro del plantel educativo. En esta línea, el temor frecuente a la violencia no puede entenderse únicamente como una amenaza externa, sino como una manifestación de una estructura social que invade los espacios escolares y afecta el bienestar psicológico de los alumnos. Asimismo, González Medina y Treviño Villarreal (9) coinciden en que la prevención de la violencia escolar requiere considerar los factores psicosociales que rodean al estudiante, como el contexto comunitario, la cultura escolar y las relaciones interpersonales. Martínez (10) señala que, en Sinaloa, México, el miedo sostenido —derivado de la presencia real o percibida de la violencia— puede provocar consecuencias psicológicas como ansiedad, depresión, trastornos del sueño, disminución del rendimiento académico y dificultades en la socialización. En este estudio se observó que los alumnos se sienten estresados cuando están cerca de algún evento violento y que, en consecuencia, presentan problemas para conciliar el sueño. Finalmente, Apaza Vásquez y Ance Zeballos (12)(6) proponen programas de gestión emocional en el ámbito escolar, destacando su impacto positivo en la prevención de la violencia y la mejora del ambiente educativo. Los alumnos mencionan que rara vez se sienten seguros dentro de la escuela, lo que se evidencia en la ausencia de programas de resguardo o ac- tividades que refuercen la percepción de seguridad durante episodios de narcoviolencia.
Conclusión
La evidencia encontrada en esta investigación, sugiere la necesidad de implementar intervenciones integrales y sostenidas, que abarquen desde el fortalecimiento de la seguridad física y emocional de los alumnos hasta el desarrollo de programas educativos orientados a la gestión emocional, el bienestar dentro de la escuela en donde los alumnos se sientan siempre seguros.
Palabras clave: Miedo inseguridad estrés desempeño académico
2026-02-24 | 2 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 20 Núm.2. Julio-Diciembre 2025 Pags. 30-34 Rev Invest Cien Sal 2025; 20(2)