Autores: Negrete Gomez Martha Paulina, Mendez Hernández Adriana Laura, Miros Berea Guadalupe, Thomas Dupont Pablo
Introducción
Los plásticos, materiales de origen natural o sintético derivados principalmente del petróleo, se han integrado masivamente en la vida cotidiana gracias a su versatilidad, bajo costo de producción y capacidad de adaptación. No obstante, su elevada durabilidad y lenta degradación, junto con su potencial toxicidad, los convierten en un importante factor de riesgo ambiental y sanitario .Tras su fragmentación por procesos físicos, químicos o biológicos, los plásticos generan partículas de distintos tamaños que se clasifican principalmente como microplásticos (MPs; 1–1000 μm) y nanoplásticos (NPs; <1 μm) (2,3) (1) . Adicionalmente, pueden categorizarse según tamaño, forma y propósito de fabricación. En México, se estima que el país ocupa el duodécimo lugar mundial en consumo de plásticos y el undécimo en producción, con un crecimiento anual sostenido de 4.8% desde 2009. Actualmente, se producen alrededor de siete millones de toneladas por año, de las cuales solo una frac- ción mínima se recicla. El resto se dispersa en vertederos clandestinos, ecosistemas marinos y ambientes terrestres, donde factores como la radiación UV favorecen su fragmentación y liberación de partículas . La principal vía de ingreso de MPs al organismo hu- (4) mano es el tracto gastrointestinal, donde pueden atravesar barreras epiteliales e interactuar con células y tejidos. Su resistencia a la biodegradación dificulta su eliminación completa, favoreciendo su acumulación y provocando efectos nocivos como citotoxicidad, estrés oxidativo, disfunción inmunológica e inflamación crónica. La exposición prolongada se ha relacionado con procesos carcinogénicos, incluyendo daño al ADN, genotoxicidad, fibrosis y progresión tumoral . El objetivo de esta revisión es compilar y analizar la evidencia científica actual sobre el impacto de los MPs en la carcinogénesis, con énfasis en tres neoplasias (3,5–7) Keywords: microplastics, carcinogenesis, colorectal cancer, breast cancer, prostatic cancer. de alta relevancia en salud pública: cáncer colorrectal, por ser uno de los tumores malignos más comunes del tracto digestivo; cáncer de mama, principal neoplasia en mujeres; y cáncer de próstata, de alta incidencia en hombres.
Vías de exposición de los microplásticos en el organismo humano
La problemática de los MPs surgió inicialmente en el ámbito marino, pero su ubicuidad en el medio ambiente ha derivado en una creciente exposición humana a través de diversas rutas: ingestión, inhalación y contacto dérmico , véase la figura 1 en la p. 8. En la dieta, los MPs se han detectado en frutas, verduras, azúcar, sal, miel, mariscos y otros alimentos. Enyoh y cols. estiman que el consumo diario de frutas y verduras puede aportar hasta 80 gr de MPs (10) . Se calcula que una persona puede ingerir hasta 90.000 partículas por año (11,12) lación constituye otra vía relevante, ya que permite que los MPs alcancen el tracto respiratorio, atraviesen barreras epiteliales y se diseminen sistémicamente, generando inflamación crónica y daño pulmonar progresivo. Se han identificado fibras de policarbonato, cloruro de polivinilo y poliamida en esputo y fluidos de lavado nasal . En la ingestión, los MPs se acumulan principalmente en los intestinos, aunque también se han detectado en heces (hasta 3,5 partículas/g) y en órganos extraintestinales como el páncreas y el hígado (12–16) . La ingesta de MPs a través de la cadena alimentaria provoca efectos tóxicos que dependen de sus propiedades fisicoquímicas, afectando células y tejidos mediante absorción y acumulación en el organismo . Estos efectos incluyen la activación del sistema inmunitario, la disfunción celular y la inducción de respuestas inflamatorias crónicas, aumentando el riesgo de carcinogénesis (20) .
Efectos de los microplásticos en la carcinogénesis
Debido a su reducido tamaño y alta relación superficie-volumen, los MP pueden interactuar con el ADN y otras macromoléculas (21). Esto favorece el estrés oxidativo, la genotoxicidad, la alteración del ciclo celular, el daño a membranas biológicas, la modificación de la expresión génica de mediadores proinflamatorios y la apoptosis, incrementando así el riesgo de cáncer . Vincoff y cols. describen la afectación de rutas moleculares específicas, como las asociadas a cáncer (WP3859; WP4337), respuesta inmune (WP530), proliferación celular (WP4357), metabolismo (WP143, beta-oxidación de ácidos grasos) y mecanismos de muerte celular y daño al ADN (WP3, WP3617, WP3672) (21,22) . Además, los MPs pueden inducir disfunción multiorgánica, afectando pulmones, corazón, riñones e hígado, a través de cascadas de señalización que generan neurotoxicidad, inmunotoxicidad y toxicidad reproductiva (21).
Reacción inflamatoria crónica
El sistema inmune reconoce a los MP como cuerpos extraños, activando la fagocitosis por macrófagos y neutrófilos. Sin embargo, su baja biodegradabilidad prolonga su permanencia en el organismo, favoreciendo la inflamación crónica y la liberación de citocinas como IL-1β, IL-6, TNF-α e IL-10 . En el contexto carcinogénico, la inflamación crónica promueve inestabilidad genómica, infiltración celular, remodelación estromal y angiogénesis, lo que facilita (24–26) la proliferación, migración y metástasis de células neoplási- cas. Los macrófagos asociados a tumores (MAT) favorecen la angiogénesis tumoral mediante la liberación de factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF). El estrés oxidativo, regulado por especies reactivas de oxígeno (ROS) y óxido nítrico (RNS), aumenta la tasa mutacional y contribuye a la transformación del microambiente tumoral hacia un estado inmunosupresor (20,25–29) .
Estrés oxidativo
Los MPs tienen la capacidad de alterar el equilibrio redox celular, principalmente debido a su capacidad para adsorber y transportar metales pesados como cobre, zinc y hierro, los cuales actúan como catalizadores en reacciones de formación de especies reactivas de oxígeno (ROS) . Esta propiedad incrementa la producción intracelular de ROS, generando un desequilibrio entre las especies oxidantes y los sistemas antioxidantes endógenos, lo que se conoce como estrés oxidativo. El estrés oxidativo (EO) provocado por los MPs puede ocasionar daño directo a componentes celulares críticos, como membranas lipídicas, proteínas y ácidos nucleicos. En particular, las ROS inducen peroxidación lipídica, que compromete la integridad y funcionalidad de las membranas celulares y mitocondriales, afectando procesos vitales como el metabolismo energético y la señalización intracelular. A nivel del ADN, el EO produce rupturas en la doble cadena, modificaciones oxidativas en bases nitrogenadas (por ejemplo, formación de 8-oxoguanina), así como la generación de aductos que interfieren con los procesos de replicación y transcripción (30,31) (20) . Estas alteraciones genéticas incrementan la probabilidad de errores durante la reparación del ADN, conduciendo a mutaciones somáticas que pueden activar oncogenes o inactivar genes supresores de tumores, lo que representa un mecanismo central en la carcinogénesis (32,33) . Además, el EO crónico induci- do por MPs activa vías de señalización celular relacionadas con la inflamación, la apoptosis y la proliferación celular descontrolada. Por ejemplo, la activación de factores de transcripción como NF-κB y AP-1 promueve la expresión de genes proinflamatorios y antiapoptóticos, generando un microambiente favorable para la transformación neoplásica y la progresión tumoral , figura 2. La persistencia de este EO también afecta la función mi- (20) tocondrial, lo que puede desencadenar la disfunción energética celular y la generación adicional de ROS, creando un ciclo de retroalimentación que exacerba el daño celular y contribuye a la degeneración tisular y al desarrollo de patologías crónicas, incluido el cáncer. En conjunto, estos efectos subrayan la importancia del EO como un mecanismo clave mediante el cual los MPs pueden inducir daños celulares y promover la carcinogénesis, posicionándolo como un foco relevante para futuras investigaciones y estrategias terapéuticas.
Cáncer colorrectal
El cáncer colorrectal (CCR) es uno de los tumores malignos más frecuentes del tracto digestivo, con una incidencia anual de 1 a 2 millones de casos, de los cuales más del 90 % corresponden a adenocarcinomas . En México, la tasa de mortalidad por CCR ha mostrado un aumento progresivo, alcanzando aproximadamente 6 por cada 100,000 habitantes (35) Proteína PKSE. coli (33,34) . La incidencia creciente en personas menores de 50 años a nivel mundial ha impulsado la investigación de factores ambientales como posibles agentes etiológicos . Entre estos factores destacan cambios en el estilo de vida, como sedentarismo, obesidad, dieta, tabaquismo y consumo elevado de carnes rojas y procesadas (35,37) (36) . Dado que el tracto gastrointestinal constituye una vía primaria de ingre- Toxinas MP’s Daño al ADN Receptores de estrógeno so de MPs, diversos estudios han evidenciado la presencia significativa de estas partículas en heces y tejidos tumorales y no tumorales de pacientes con CCR. Esto ha llevado a proponer una posible asociación entre la exposición a MPs y la carcinogénesis colorrectal . Los MPs no inducen la carcinogénesis de manera directa, sino a través de una serie de alteraciones fisicoquímicas y biológicas a nivel molecular. Estas incluyen la formación de biopelículas bacterianas que recubren la superficie de los MPs, la adsorción de sustancias químicas hidrófobas, la producción de citocinas proinflamatorias, la disbiosis intestinal y la activación plaquetaria (33,37,38) 34,36) . En el intestino, los MPs interactúan con la capa mucosa externa, uniéndose a sus dominios hidrófobos y luego desprendiéndose por movimientos peristálticos, lo que compromete la función protectora de esta capa debido a su constante renovación y adelgazamiento . Una vez alcanzada la capa mucosa interna, las biopelículas desempeñan un papel crucial. Estas comunidades bacterianas, que se adhieren a los MPs mediante una matriz polimérica, pueden volverse resistentes a antibióticos y favorecer la supervivencia de bacterias asociadas con inflamación y desarrollo de CCR, como Bacteroides fragilis . Además, los MPs pueden infiltrarse entre las células intestinales, especialmente en áreas con menor protección, como las células (36,37) M que carecen de moco y glicocálix, dañando las uniones que mantienen la barrera intestinal y provocando su disfunción . Diversos estudios indican que los MPs contribuyen activamente a la inflamación crónica y carcinogénesis colorrectal mediante mecanismos genotóxicos y no genotóxicos (36) (figura 2). En el primero, cepas de Escherichia coli pks+ asociadas a MP transportan toxinas que dañan directamente el ADN. Además, los MP inducen la formación de especies reactivas de oxígeno (ERO), generando estrés oxidativo y promoviendo respuestas inflamatorias . En la carcinogénesis no genotóxica, algunos componentes de los MP presentan actividad estrogénica, pudiendo activar receptores estrogénicos en la superficie celular y estimular la proliferación descontrolada. Asimismo, alteran la mucina intestinal mediante glicosilación anómala, debilitando la barrera mucosa y dejando el epitelio vulnerable (36, 37) . La exposición crónica a MPs modifica el metabolismo de macrófagos intestinales, promoviendo su polarización hacia un fenotipo proinflamatorio (M1), caracterizado por aumento de glucólisis y secreción de citocinas inflamatorias, incluso sin la presencia de toxinas bacterianas, lo que altera la homeostasis intestinal . Un área emergente es el papel de las plaquetas, que se activan ante daño epitelial y liberan mediadores lipídicos, prostaglandinas, factores de crecimiento y vesículas extracelulares, contribuyendo a la creación de un microambiente tumoral propicio para angiogénesis y metástasis. Se ha documentado que vesículas derivadas de plaquetas en pacientes con CCR inducen fenotipos metaplásicos y protrombóticos en células tumorales (36,38)
Cáncer de mama
El cáncer de mama es la neoplasia más diagnosticada a nivel global, principalmente en mujeres . Estudios in vitro han demostrado que los MPs de poliestireno (PS) actúan como disruptores endocrinos con actividad estrogénica, aumentando la viabilidad, proliferación y malignidad en líneas celulares de cáncer de mama receptor de estrógeno positivo (RE +) (40) (39) . Estas partículas también son absorbidas por células epiteliales mamarias normales y tumorales, incluyendo líneas triple negativas, en una forma dependiente del tamaño y dosis, promoviendo migración celular y formación de mamosferas, lo que sugiere un rol potencial en la tumorigénesis (41) . La exposición prolongada a MPs de PS se asocia con características histopatológicas más agresivas, como pleomorfismo celular y aumento de mitosis, sugiriendo exacerbación del cáncer RE+ mediante mecanismos hormonales . Además, los MPs interfieren con mecanismos de desintoxicación celular, inhibiendo transportadores ABC, entre ellos glicoproteína P y proteína de resistencia al cáncer de mama (BCRP), lo que favorece la acumulación intracelular y la toxicidad (42) (40) . La exposición a MPs de polipropileno (PP) potencia la secreción de IL-6, citocina relacionada con progresión tumoral, antiapoptosis y metástasis, y altera la expresión génica vinculada al ciclo celular sin afectar la viabilidad, contribuyendo a un microambiente tumoral más agresivo . Dado que el tejido mamario es altamente sensible a estrógenos, cuyo desbalance regula múltiples procesos biológicos, estos efectos representan un riesgo significativo para el desarrollo del cáncer mamario (44).
Cáncer de próstata
El cáncer de próstata es una de las neoplasias más comunes en hombres a nivel mundial y una causa importante de morbilidad. Su fisiopatología está fuertemente influenciada por la actividad de receptores de andrógenos, similar a los receptores hormonales en el cáncer de mama . Esta dependencia hormonal sugiere que los tejidos prostáticos pueden ser vulnerables a disruptores endocrinos ambientales, incluidos los microplásticos y sus componentes asociados. Los MPs pueden translocarse a tejidos profundos tras ser fagocitados por células inmunes como macrófagos, evitando mecanismos de depuración intestinal y alcanzando el torrente sanguíneo, desde donde pueden acumularse en órganos sólidos como la próstata . Se ha detectado la presencia de MPs de PS, polietileno (PE) y cloruro de polivinilo (PVC) en mayor abundancia en tejidos tumorales prostáticos en comparación con tejidos paratumorales, destacando la presencia exclusiva de PE en muestras tumorales (45) (45,46) . El bisfenol A (BPA), un compuesto común en plásticos, induce alteraciones en células prostáticas cancerígenas, incluyendo formación de aductos de ADN, aumento de proliferación y migración celular, sugiriendo un papel en la carcinogénesis prostática . BPA y otros contaminantes como hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) también alteran la expresión génica y la función de receptores de andrógenos, promoviendo la activación de oncogenes (45). Estudios en modelos animales muestran que la exposición a MPs de PS genera estrés oxidativo y desequilibrio hormonal, particularmente en machos, apoyando la hipótesis de su participación en la etiología del cáncer de próstata (45). Aunque la conexión entre MPs y carcinogénesis prostática requiere mayor investigación, la evidencia actual indica una relación entre exposición a MPs, alteraciones hormonales e inflamación prostática, factores clave en el desarrollo y progresión del cáncer de próstata (46,47)
Conclusión
La presencia de MPs en el organismo humano representa un desafío emergente para la salud pública debido a su potencial implicación en procesos carcinogénicos. La evidencia actual demuestra que estas partículas, especialmente de PE, pueden ser internalizadas por células humanas, desencadenando efectos citotóxicos, estrés oxidativo y alteraciones inmunológicas. Sin embargo, la comprensión detallada de sus mecanismos de acción y consecuencias a largo plazo aún es insuficiente. Si bien los MPs ingresan al cuerpo a través de múltiples rutas y su acumulación depende de características físicas y químicas específicas, la mayor parte de la información disponible proviene de estudios experimentales in vitro y en modelos animales. La investigación en tejidos humanos sigue siendo limitada y enfrenta desafíos metodológicos que dificultan establecer relaciones causales claras. Más allá de su toxicidad química directa, los MPs pueden contribuir a la disfunción del sistema inmunitario y a la inflamación crónica, procesos estrechamente vinculados con la carcinogénesis en órganos como el tracto digestivo, tejido mamario y próstata. En consecuencia, resulta indispensable intensificar los estudios epidemiológicos y mecanicistas en poblaciones humanas, con un enfoque multidisciplinario que permita evaluar la exposición real, los riesgos y los posibles efectos adversos de los MPs en la salud, especialmente en la promoción y progresión de distintos tipos de cáncer. Solo a través de una investigación rigurosa y sostenida será posible definir estrategias preventivas y políticas sanitarias eficaces para mitigar el impacto de los MPs en la salud global.
Palabras clave: microplásticos; carcinogénesis cáncer colorrectal cáncer de mama cáncer de próstata
2026-07-08 | 0 visitas | Evalua este artículo valoraciones
Vol. 21 Núm.1. Enero-Junio 2026 Pags. 6-13 Rev Invest Cien Sal 2026; 21(1)