Prevalencia de consumo de riesgo y dependencia al alcohol en estudiantes de la Universidad Veracruzana durante el periodo 2021 al 2024: evaluados mediante el AUDIT test

Prevalence of Risky Alcohol Consumption and Dependence among Students of the University of Veracruz during the Period 2021 to 2024: Assessed Using the AUDIT Test 

Autores: Hurtado Capetillo José Manuel, Domínguez Meléndez Vanihamín, Cen Pacheco Francisco, García Preuss Ragued, Morales Urgquiza Alicia, Cadiñanos Longo José Aurelio, Mondragón Vázquez Karina

Completo

Introducción

En la actualidad, el consumo de alcohol representa un grave problema de salud pública. Se estima que tan solo en el 2022, más de 140,000 personas en Norte América falle fallecieron por causas relacionadas con esta adicción, mientras que los costos médicos superaron los 250 mil millones de dólares anuales (1). El consumo excesivo de alcohol ha sido reconocido como uno de los principales problemas de salud a nivel global debido a la asociación con daños sociales, físicos y académicos en población joven, además de que contribuye a la causa de muertes prematuras. Una de las principales características de este grupo etario es que, el patrón de consumo difiere de lo observado en población adulta, dado que predominan episodios de ingesta intensiva caracterizados por el consumo de grandes cantidades de alcohol en periodos cortos, lo que incrementa la morbilidad y mortalidad asociadas (1, 2). Por otro lado, la adolescencia se entiende como una etapa caracterizada por cambios físicos, cognitivos, emocionales, sociales, y constituye un periodo de especial vulnerabilidad para el individuo. En este contexto, el consumo del alcohol puede interferir con los procesos de la maduración cerebral y favorecer las alteraciones cognitivas, emocionales y conductuales a largo plazo, esta situación se ve agravada por la aceptación social de esta sustancia a su fácil accesibilidad, factores que incrementan la probabilidad de dependencia, policonsumo aunado a problemas psicosociales graves (3, 4). Considerando que el inicio temprano del consumo de alcohol aumenta la vulnerabilidad neuropsicológica, esto se asocia con déficits en funciones como la memoria de trabajo, la atención e inhibición cognitiva, además de verse reforzado por la influencia de estímulos publicitarios relacionados con el alcohol. Estas alteraciones se suman a los efectos directos sobre regiones cerebrales en desarrollo como la corteza prefrontal, el hipocampo y cerebelo, cuya maduración y conectividad neuronal, pueden verse comprometidas amplificando el riesgo de problemas cognitivos y sociales a largo plazo. En este contexto, la normalización cultural del consumo y la exposición al marketing contribuyen a trivializar riesgos severos, así como al incremento de conductas de riesgo, entre ellas la agresión o prácticas sexuales sin protección (1-4). Se ha demostrado que el impacto del consumo de alcohol trasciende la esfera individual, generando consecuencias en el ámbito familiar y comunitario, asimismo el consumo excesivo se asocia con accidentes, hospitalizaciones, rupturas de pareja y muertes prematuras, además de representar una carga económica considerable para los sistemas sanitarios y las comunidades (5). En este sentido, retrasar el inicio del consumo se considera una estrategia prioritaria de prevención en la salud pública (6). La evidencia, indica que el inicio temprano del consumo representa un factor de riesgo adicional, dado que, a menor edad de exposición, mayor es la probabilidad de consolidar trayectorias de dependencia y en consecuencia, de afectar las funciones sociales y cognitivas en el futuro. Esto se explica al considerar que el alcohol actúa como neurotoxina, capaz de alterar las trayectorias de desarrollo cerebral, impactando de manera sustantiva de funciones ejecutivas, emocionales y sociales críticas. Con base a lo anterior los adolescentes con consumo excesivo presentan mayor deterioro en aprendizaje, memoria y control conductual y que en muchas ocasiones puede inclusive comprometer la vida del consumidor (6, 7). Considerando que la predisposición de los adolescentes a las conductas de riesgo se relaciona con características neurocognitivas como la búsqueda de sensaciones y la impulsividad, se incrementa la probabilidad de iniciar tempranamente el consumo de alcohol. Esta vulnerabilidad se acentúa al ingresar a la universidad, etapa caracterizada por la presión académica y la necesidad de integración social, factores que favorecen la adopción de conductas de riesgo, explica porque el alcohol es la sustancia más prevalente en este contexto. (7, 8). Esto se debe a que durante la etapa uni versitaria el consumo de alcohol es altamente prevalente, dado que, en diversos estudios comparativos se ha demos trado que los jóvenes universitarios presentan tasas de con sumo más altas que sus pares no universitarios, lo que pone en evidencia la influencia de factores ambientales como la búsqueda de independencia, la presión académica y social, así como la cultura de la embriaguez, los cuales modulan significativamente la conducta del consumo de alcohol (8, 9). Es en el entorno universitario, donde además de constituir un periodo de consolidación de hábitos de vida, pueden reforzarse conductas previas o adquirir nuevas, en este contexto, situaciones como la presión y demandas académicas han sido identificadas como estresores que, sin intervenciones adecuadas, pueden consolidar patrones nocivos de consumo. Este fenómeno resulta particularmente preocupante al considerar que el alcohol se asocia con efectos multisistémicos que contribuyeron a lesiones orgánicas, discapacidad y alrededor del 5.3% de todas las muertes a nivel global, lo que lo posiciona entre las principales causas de pérdida de años de vida saludable (9 -11) . Tomando en consideración lo antes mencionado, la magnitud del problema se refleja en la relación documentada del alcohol con más de 200 enfermedades y lesiones, incluyendo cáncer, trastornos mentales, accidentes y violencia. Su consumo, además, se encuentra culturalmente normalizado, lo que lo convierte en parte integral de la experiencia social, especialmente en el ámbito universitario. Esto explica que hasta la mitad de los adolescentes reportan haber experimentado con el alcohol antes de los 14 años en algunos países. Y que en diferentes contextos internacionales se observan niveles elevados de consumo en la población estudiantil (12-14). Se debe tomar en consideración que, más allá de los efectos físicos, el abuso de alcohol afecta también de manera significativa la salud mental y la seguridad de las personas, con mayor impacto en adultos emergentes de 18 a 24 años, un grupo que incluye a la mayoría de los estudiantes universitarios (15,16). La literatura señala que la trayectoria del consumo suele iniciarse en la adolescencia temprana, alcanzar el punto máximo en la adultez emergente y luego declinar progresivamente, sin embargo, en este periodo la vulnerabilidad, la falta de consolidación de la identidad incrementa la susceptibilidad a la caer en la presión social y el abuso de sustancias, con consecuencias neurocognitivas y psicológicas graves (17,18). Entendiendo que, el consumo del alcohol en menores de edad continúa siendo un desafío, la persistencia del alcohol como la sustancia más utilizada por los adolescentes, incluso por encima del tabaco y cannabis, confirma la necesidad de reforzar las políticas de prevención y educación, para lograr reducir los riesgos inmediatos y a largo plazo asociados a su consumo (19). Mientras que los datos epidemiológicos respaldan la magnitud del problema, la detección del consumo peligroso en entornos universitarios alcanza cifras 13.5% con una diferencia marcada entre sexos (18.8% en hombres y 8.2% en mujeres) (12). Además, la prevalencia de consumo riesgoso mostró variaciones durante la pandemia, pasando de 29.9% a 26.2% durante y 20.2% después, aunque se mantuvo estrechamente asociada a la presencia de síntomas depresivos en los estudiantes (16). Mientras que el consumo de alcohol constituye un fenómeno de gran magnitud, en estados unidos, más del 53% de los universitarios de 18- 22 años reportaron un consumo de alcohol en 2019, y alrededor del 33% práctico episodios de ingesta excesiva, además, el 38% refirió “binge drinking” (beber en exceso) en el último mes, cifras superiores a las de sus pares no universitarios (1). Estas prevalencias se replican en otros contextos occidentales, en el Reino Unido, más del 60% de los estudiantes universitarios admitió episodios de consumo excesivo (1). En el adolescente promedio estadounidense de 12 grado, la proporción que había bebido en el último mes alcanza 50% en la década de 1990, pero descendió al 30% en el 2018, con un repunte del 34% en el 2020 (2). Estos patrones se acompañan de prácticas sociales de fin de semana donde predomina la ingesta intensiva, fenómeno descrito como característico de la economía nocturna juvenil (2, 4). Se ha observado que la exposición temprana es otro hallazgo crítico, la encuesta nacional de 2018 en estados unidos, reportó que 59% de los adolescentes había consumido alcohol alguna vez y 24% lo había hecho antes del octavo grado (3). Asimismo, una encuesta poblacional estimó que el 25% de los adolescentes había bebido en los últimos 30 días, con 17.9% que alguna vez se embriagó y 10.6% con problemas derivados de la bebida (3). Estos datos sustentan la evidencia de que cerca del 15% de los pacientes con trastornos por consumo de alcohol reciben el diagnóstico antes de los 18 años (3). Finalmente, La edad de inicio del consumo ha demos trado ser un predictor independiente de la severidad poste rior, individuos que comenzaron a beber antes de presentar puntuaciones más altas en escaladas como el AUDIT, así como mayor frecuencia de embriaguez mensual y de con sumo riesgoso, este patrón no solo incrementa la posibilidad de dependencia, sino que también se relaciona con sínto mas depresivos en la adultez, inclusive cuando el consumo no alcanza niveles clínicos relacionados con el abuso (6,14,16). Diversos factores sociales y culturales modulan estos riesgos, el consumo en riesgo ha mostrado asociaciones significativas con la influencia de los padres y hermanos, así como la exposición cotidiana a mercadotecnia de alcohol en medios (11). Asimismo, las percepciones culturales sobre las expectativas sociales y de género incluyen en la probabilidad de consumo y en la expresión de sus efectos, lo que puede explicar la mayor susceptibilidad de las mujeres a desarrollar enfermedades específicas inducidas por el alcohol, como ciertos tipos de cáncer e inflamación hepática (18). Por lo antes mencionado, debemos tomar en consideración que, el consumo de alcohol en adolescentes y jóvenes universitarios representa un problema de salud pública con repercusiones individuales, familiares y sociales, cuyo impacto se agrava al coincidir con etapas críticas de desarrollo cerebral y emocional. La evidencia señala la necesidad de detectar tempranamente el consumo riesgoso y la dependencia, especialmente en el ámbito universitario, donde la normalización cultural del consumo y la falta de atención oportuna incrementan los riesgos físicos y mentales. Tomando en consideración este contexto, la presente investigación busca estimar la prevalencia de consumo riesgoso, dañino y probable dependencia de alcohol en estudiantes de nuevo ingreso a la Universidad Veracruzana, utilizando el AUDIT como instrumento validado internacionalmente. Estos resultados aportarán evidencia local esencial para el diseño de estrategias preventivas, intervenciones tempranas y políticas institucionales que fortalezcan la promoción de la salud y reduzcan la carga futura asociada al consumo problemático de alcohol entre la comunidad estudiantil, fomentando la prevención y sobre todo alejando al estudian te de una conducta que puede poner en riesgo su salud y entorno psicosocial.

Objetivo

Estimar la prevalencia del consumo riesgoso y dañino del alcohol y su probable dependencia en estudiantes de nuevo ingreso a la Universidad Veracruzana.

Material y métodos

Se realizó un estudio transversal retrospectivo basado en los resultados del Alcohol Use Disorders Identification Test (AUDIT) aplicados durante el Examen de Salud Integral (ESI) de la Universidad Veracruzana, correspondientes al periodo 2021-2024. La información se obtuvo a partir de los reportes emitidos por el CESS-UV y posteriormente se capturó en una base electrónica con recolección prospectiva y consecutiva conforme los estudiantes acudieron al ESI. La población de estudio estuvo conformada por estudiantes de nuevo ingreso a la Universidad Veracruzana que acudieron al Examen de salud Integral (ESI) y contaban con un registro del AUDIT emitido por el sistema institucional. Para el presente análisis se consideraron exclusivamente los reportes en los que el sistema generó alguna de las siguientes interpretaciones textuales: “su resultado en el test está dando señales de que es una persona que está empezando a abusar del alcohol”. “Debe moderar el consumo de alcohol y consultar a un especialista para corroborar el resultado del test y tomar las medidas oportunas” (indicios de problema), “su resultado en el test indica que tiene un problema serio con el alcohol. El primer paso para resolverlo consiste en asumir que sufre un problema muy serio con el alcohol. Debe iniciar un tratamiento inmediatamente si no quiere que su salud se re sienta y los demás se retiren de su compañía cada vez más” (problema con el alcohol) y “Usted no tiene problemas con el alcohol” (sin problema). Adicionalmente, se identificaron los registros sin interpretación, los cuales se agruparon como “cuestionario no completado” para describir la proporción de estudiantes que no concluyeron o no contaban con un resultado interpretable del AUDIT. Cada registro se analizó exactamente conforme fue emitido por el sistema institucional, sin modificar el texto original de las interpretaciones ni reclasificar individualmente los resultados. Los criterios de inclusión consideraron cuestionarios AUDIT completos, legibles y con interpretación automatizada registrada en la base de datos (cualquiera de las tres categorías anteriores). Se excluyeron registros duplicados, formatos con datos críticos incompletos, inconsistencias lógicas detectadas durante el control de calidad y aquellos marcados como “cuestionario no completado” para los análisis de prevalencia de consumo de riesgo y problema con el alcohol. Estos últimos se describieron de forma global únicamente para estimar la proporción de no respuesta o no conclusión del cuestionario dentro de la cohorte evaluada. El consumo de alcohol se evaluó mediante el test AUDIT en su versión en español utilizada institucionalmente, aplicado como parte del protocolo rutinario del ESI. Para el análisis se trabajó con la interpretación categórica generada por el sistema, que clasifica a los estudiantes en tres grupos: “sin problema con el alcohol”, “indicios de problema” y “problema con el alcohol”. Operacionalmente, se consideraron como resultado positivo los registros clasificados como “indicios de problema” o “problema con el alcohol”, dado que reflejan distintos grados de alteración en el patrón de consumo; la categoría “sin problema” se utilizó como grupo de referencia. Tomando en cuenta que el test de AUDIT es un instrumento de 10 ítems tipo Likert que evalúa tres dimensiones, consumo de riesgo, depen dencia y consecuencias negativas, mediante una aplicación breve y un puntaje total de 0 a 40, lo que lo hace útil tanto en contextos clínicos como de investigación, los puntos de corte varían según sexo y contexto: se propone un umbral de ≥8 en hombres y ≥6 en mujeres para consumo riesgo so, y ≥13 para consumo perjudicial (5, 8, 9). El análisis estadístico fue descriptivo, se construyeron tablas dinámicas para obtener frecuencias absolutas y porcentajes de cada categoría del AUDIT (“sin problema”, “indicios de problema” y “problema con el alcohol”) por año (2021–2024) y por sexo (F y M), generando gráficas de barras agrupadas para visualizar la distribución de categorías según el sexo en cada año. Asimismo, se estimó el número total de casos clasificados como “problema con el alcohol” por sexo en todo el periodo de estudio, lo cual se representó en una gráfica comparativa de barras. Finalmente, se resumieron los casos con “problema con el alcohol” por programa académico y año, construyendo una tabla de contingencia programa–año que sirvió de base para las gráficas por facultad / programa, mientras que la construcción de tablas, el cálculo de frecuencias y porcentajes, así como la generación de todas las gráfica SPSS.

Consideraciones éticas

Para este protocolo de investigación se dio un consentimiento informado a los alumnos en el cual se considera los aspectos éticos de la declaración de Helsinki. Se cumplieron con los criterios de beneficencia, equidad y consentimiento, así como todo lo escrito en sus declaraciones y códigos para la realización de un protocolo médico confiable.

Así mismo, por parte de las leyes nacionales mexicanas, este trabajo se basó bajo las normas de la ley general de salud, específicamente el artículo 7 y 8, ya que dicha in vestigación se considera de muy bajo riesgo. Así mismo la información será resguardada considerando la protección de datos personal.

Conflicto de intereses

Los autores declaran que no tiene conflicto de intereses para la realización del presente trabajo de investigación.

Financiación

Los autores declaran que no recibieron financiamiento externo. Se utilizaron los recursos propios de las instituciones participantes.

Resultados

Durante el periodo 2021–2024 se registraron 12115 estudiantes de nuevo ingreso con algún registro del AUDIT dentro del Examen de Salud Integral. Globalmente, 6 531 correspondieron al sexo femenino (53,9 %) y 5584 al masculino (46,1 %). Por año, se evaluaron 2588 estudiantes en 2021, 2 484 en 2022, 4452 en 2023 y 2 591 en 2024, observándose un aumento marcado del número de evaluaciones en 2023, seguido de una reducción en 2024. En todos los años la participación femenina fue ligeramente superior a la masculina: 55,6 % vs 44,4 % en 2021, 55,5 % vs 44,5 % en 2022, 51,0 % vs 49,0 % en 2023 y 55,6 % vs 44,4 % en 2024, lo que se traduce en una predominancia femenina discreta pero constante en la cohorte global, gráfica 1.

De los 12115 registros, 5804 (47,9 %) contaban con una interpretación automatizada del AUDIT y 6 311 (52,1 %) se clasificaron como “cuestionario no completado”. Dentro de los cuestionarios interpretables, 4546 estudiantes fueron categorizados con “problema con el alcohol”, lo que representa el 78,3 % de este subconjunto y el 37,5 % del total de la cohorte evaluada. Al analizar estos casos por sexo, se observó un predominio ligero de mujeres, con 2527 casos (55,6 %) frente a 2019 hombres (44,4 %), lo que indica que en esta población universitaria el consumo problemático de alcohol no se restringe al sexo masculino, sino que muestra una carga incluso mayor en el sexo femenino cuando se observan los números absolutos, gráfica 2. La distribución conjunta por año, categoría de interpretación del AUDIT e intensidad del consumo mostró patrones bien diferenciados. Entre los 5804 cuestionarios interpretables, 4546 (78,3 %) se ubicaron en la categoría “problema con el alcohol”, 1069 (18,4 %) en “sin problema” y 189 (3,3 %) en “indicios de problema”. En 2021 y 2022 la totalidad de los registros disponía de interpretación automatizada (2588 y 2484, respectivamente), con predominio amplio de la categoría “problema con el alcohol” (2239 y 2276 casos) y proporciones por sexo muy semejantes, con alrededor de 56 % de mujeres y 44 % de hombres en esta categoría. En contraste, en 2023 solo 11,8 % de los registros (524/4452) contaban con interpretación y en 2024 únicamente 8,0 % (208/2591); en ambos años la mayoría de los cuestionarios interpretables correspondió a estudiantes sin problema con el alcohol (400/524 y 179/208, respectivamente), mientras que las categorías “indicios” y “problema” se concentraron en un número reducido de casos. Las proporciones de mujeres y hombres dentro de cada combinación año–categoría se mantuvieron cercanas al 50 % con ligeros predominio femeninos en la mayoría de los grupos, salvo en los pocos casos con problema en 2023, donde predominaron los varones, patrón que se sintetiza en las barras apiladas al 100 % por año y categoría, gráfica 3. Al desagregar los 4546 casos clasificados con “problema con el alcohol” por programa académico y sexo se observó una distribución heterogénea entre las 37 facultades incluidas. Los mayores números absolutos de casos se concentraron en Contaduría (n = 370), Administración (n = 360), Ingeniería Civil (n = 305), Ingeniería Mecánica Eléctrica (n = 229), Médico Cirujano y Enfermería (ambas con n = 224), seguidas de Administración Turística (n = 213), Médico Veterinario Zootecnista (n = 209) y Química Clínica (n = 201). En 25 de las 37 facultades las mujeres representaron más de la mitad de los casos, destacando Pedagogía (82,2 % femenino), Enfermería (74,1 %), Nutrición (71,7 %) y Administración Turística (71,8 %). En cambio, en varias carreras de ingeniería la mayoría relativa correspondió al sexo masculino, como Ingeniería Mecánica Eléctrica (87,8 % masculino), Ingeniería Mecatrónica (84,3 %) e Ingeniería Informática (81,3 %). En conjunto, esta distribución muestra que el consumo problemático de alcohol afecta tanto a programas tradicionalmente feminizados como en áreas de ingeniería, con perfiles claramente diferenciados por sexo dentro de cada facultad, gráfica 4. El análisis temporal de estos mismos 4546 casos por facultad evidenció que la casi totalidad de la carga de “problema con el alcohol” se concentró en las cohortes de ingreso 2021 y 2022. Globalmente, 2239 casos (49,3 %) correspondieron al año 2021 y 2 276 (50,1 %) a 2022, mientras que sólo 27 casos (0,6 %) se registraron en 2023 y 4 casos (0,1 %) en 2024. Este patrón se repite en la mayo ría de los programas académicos, donde las barras apiladas muestran contribuciones cercanas a la mitad de los casos para 2021 y 2022 y ausencia de casos en 2023–2024; sólo algunas facultades como; Contaduría, Ingeniería Mecáni ca Eléctrica, Médico Cirujano, Enfermería, Administración Turística, Química Clínica, Nutrición, Pedagogía, Medicina Veterinaria, Agronegocios Internacionales y Biología Marina, aportaron casos aislados en 2023, y un número aún menor en 2024. Estos hallazgos indican que la prevalencia de consumo problemático de alcohol detectada en este periodo se concentra prácticamente en su totalidad en las primeras cohortes evaluadas, con contribuciones marginales de las generaciones más recientes, gráfica 5.

Discusión

En esta cohorte de 12 115 estudiantes de nuevo ingreso, la elevada proporción de cuestionarios AUDIT con interpretación de “problema con el alcohol” (4 546 casos, equivalentes al 78,3 % de los instrumentos interpretables y al 37,5 % del total de la cohorte) pone de manifiesto que el consumo problemático de alcohol es un fenómeno altamente frecuente en la población universitaria evaluada. Aun cuando no es posible equiparar directamente estas categorías con los puntos de corte clásicos del AUDIT, la magnitud de los hallazgos resulta congruente con la evidencia que describe al alcohol como uno de los principales problemas de salud pública por su asociación con daños físicos, psicosociales y académicos, así como con muertes prematuras y elevados costos económicos para los sistemas sanitarios (9-11). En este sentido, los resultados refuerzan la noción de que la universidad constituye un escenario crítico para la detección temprana del consumo riesgoso y de la probable dependencia, en línea con lo señalado por estudios que documentan tasas elevadas de consumo y episodios de ingesta intensiva en estudiantes de educación superior comparados con sus pares no universitarios (1, 2, 8, 9). El hecho de que la mayoría de los cuestionarios inter pretables se concentre en las cohortes de 2021 y 2022, con una proporción mucho menor de registros interpretados en 2023 y 2024, introduce un matiz metodológico importan te, ya que, en los dos primeros años, prácticamente la totalidad de los estudiantes contó con clasificación automatiza da, con un claro predominio de la categoría “problema con el alcohol”, mientras que en las generaciones posteriores la mayoría de los registros disponibles se ubicó en “sin proble ma”. Este cambio probablemente refleja, al menos en parte, modificaciones en la captura o en el flujo de datos más que una disminución real y abrupta del consumo problemático, por lo que las cifras de 2023-2024 deben interpretarse con cautela. No obstante, incluso considerando esta limitación, la carga acumulada de casos con “problema con el alcohol” en 2021-2022 es coherente con un contexto en el que la adolescencia tardía y la adultez emergente se caracterizan por una alta vulnerabilidad al uso de sustancias, impulsividad, búsqueda de sensaciones y exposición a presiones sociales y académicas que pueden favorecer trayectorias de consumo nocivo (16 - 18). Desde la perspectiva de sexo, el ligero predominio femenino dentro de la categoría “problema con el alcohol” (55,6%) frente a 44,4% en hombres) resulta particularmente relevante. Aunque la literatura ha descrito históricamente mayores tasas de consumo riesgoso en varones, también se ha documentado que las brechas se han ido acortando y que las mujeres pueden presentar una mayor susceptibilidad biológica y clínica a ciertas complicaciones relacionadas con el alcohol, incluyendo enfermedades específicas, mayor carga de problemas de salud mental y consecuencias psicosociales desproporcionadas (12, 16, 18). El hallazgo de que, en esta cohorte, las mujeres concentran un número absoluto ligeramente mayor de casos con problema sugiere que el consumo de alto riesgo no puede seguir considerándose un fenómeno predominantemente masculino dentro del ámbito universitario y refuerza la necesidad de que las intervenciones preventivas y terapéuticas incorporen una perspectiva de género explícita (16 - 19). La distribución de casos por programa académico evidencia, además, que el consumo problemático de alcohol atraviesa tanto carreras tradicionalmente feminizadas (como Enfermería, Nutrición o Pedagogía) como programas de ingeniería y áreas técnicas donde predominan los varones. Esta heterogeneidad dialoga con la literatura que describe al alcohol como una sustancia culturalmente normalizada, integrada a la vida social y a la “economía nocturna” juvenil, en la que los fines de semana y los espacios de convivencia se estructuran en torno a episodios de ingesta intensiva (2, 4, 9). En este contexto, las diferencias por facultad parecen reflejar tanto la composición por sexo de cada programa como patrones específicos de socialización y estrés académico, más que una protección intrínseca ligada al tipo de carrera. Ello respalda la necesidad de diseñar estrategias preventivas adaptadas a cada entorno académico, combinando acciones universales para toda la comunidad con intervenciones focalizadas en programas donde se detecta una mayor carga absoluta de casos. Otro hallazgo clave de este estudio es la elevada proporción de cuestionarios sin interpretación automatizada (“cuestionario no completado”), que representa más de la mitad de los registros globales. Aunque estos casos se excluyeron del cálculo de prevalencias, su magnitud sugiere la necesidad de fortalecer los procesos de aplicación, supervisión y cierre del AUDIT en el contexto del ESI, de modo que el tamizaje cumpla plenamente su objetivo de identificar oportunamente a los estudiantes en riesgo. La literatura indica que el AUDIT, por su brevedad, estructura y sensibilidad para consumo riesgoso, dependencia y consecuencias negativas, es una herramienta adecuada para contextos de atención primaria y entornos universitarios, siempre que se aplique de forma sistemática y se vincule a rutas claras de intervención (5, 8, 9). Los resultados de esta investigación deben interpretarse a la luz del contexto epidemiológico más amplio descrito en la introducción, ya que el alcohol sigue siendo la sustan cia psicoactiva más consumida por adolescentes y jóvenes, con inicio cada vez más temprano, estrecha relación con síntomas depresivos y otros problemas de salud mental, y asociación con más de 200 enfermedades y lesiones, inclu yendo cáncer, trastornos mentales, accidentes y violencia (1, 3, 6, 9). En este escenario, documentar que una proporción considerable de estudiantes de nuevo ingreso presenta patrones de consumo compatibles con “problema con el alcohol” aporta evidencia local indispensable para la planificación de políticas universitarias de prevención, detección temprana e intervención breve. El Examen de Salud Integral y el uso sistemático del AUDIT, articulados desde el CESS-UV, ofrecen una plataforma privilegiada para integrar tamizaje, consejería y referencia oportuna, y para generar conocimiento aplicado sobre una población que, pese a su elevada vulnerabilidad, continúa siendo poco estudiada en muchos contextos. Integrar estos hallazgos a las estrategias institucionales puede contribuir a reducir, en el mediano y largo plazo, la carga de morbilidad física, mental y social asociada al consumo problemático de alcohol en la comunidad universitaria.

Conclusión

La presente investigación muestra que una proporción relevante de estudiantes de nuevo ingreso a la Universidad Veracruzana presenta patrones de consumo compatibles con problema con el alcohol, lo que confirma la carga epidemiológica de este fenómeno en la transición a la vida universitaria y lo posiciona como un problema de salud pública que exige vigilancia continua y respuestas institucionales organizadas. En este marco, el Examen de Salud Integral y la aplicación sistemática del AUDIT se consolidan como pilares de la medicina preventiva, al permitir la detección temprana de consumo riesgoso, abrir espacios de consejería breve y facilitar la referencia oportuna a servicios especializados. De manera complementaria, el CESS-UV se configura como un nodo estratégico que integra tamizaje, atención y generación de evidencia: coordina la aplicación del AUDIT, resguarda y depura la base de datos y transforma esa información en insumos útiles para la toma de decisiones, tanto para describir patrones por sexo, cohorte y programa académico como para orientar intervenciones focalizadas en las facultades con mayor carga de casos. En conjunto, la documentación sistemática de la prevalencia de consumo riesgoso y probable dependencia aporta evidencia local indispensable para el diseño de políticas universitarias, programas de promoción de la salud y estrategias de intervención breve ajustadas a la realidad de la comunidad estudiantil.

 

Palabras clave: consumo de alcohol estudiantes universitarios riesgoso dependencia.

2026-10-07   |   11 visitas   |   Evalua este artículo valoraciones

Vol. 21 Núm.0. Abril 2026 Pags. 51-60 Rev Invest Cien Sal 2026; 21(Supl. 1)