Autores: Cano Contreras Ana Delfina, Amezcua Toledo Luis Ángel, Domínguez Osorio Victor, Esparza Ortega Alondra
El liposarcoma es un tumor de tejidos blandos perteneciente a la categoría de los sarcomas; en este caso, se trata de un sarcoma retroperitoneal. La Sociedad Americana del Cáncer ha descrito que la radioterapia, ciertos síndromes de cáncer familiar, lesión al sistema linfático y la exposición a sustancias químicas nocivas son considerados factores de riesgo para el desarrollo del liposarcoma (1). Se caracterizan por ser neoplasias de gran tamaño y complejidad, estos representan entre el 12-15% de todos los sarcomas de tejidos blandos. Este tipo de tumores se originan principalmente en extremidades en un 52%, y retroperitoneal en un 19% (2). La dificultad clínica radica en que se presentan en etapas avanzadas y con una sintomatología difusa donde encontramos dolor abdominal, aumento del perímetro abdominal, cambios en los hábitos intestinales; o bien, se pueden presentar asintomáticos hasta que alcanzan un tamaño suficiente para comprimir los órganos circundantes (3,4,5,6). Es importante destacar que al ser lesiones poco vascularizadas, los liposarcomas tienen una baja tendencia para producir metástasis a distancia, aunque no es imposible. Esta patología cuenta con diversos subtipos, siendo el liposarcoma bien diferenciado y el liposarcoma desdiferenciado los de mayor prevalencia, representando un 45% de los casos. Sin embargo, presentan comportamientos y pronósticos distintos: el subtipo desdiferenciado conlleva un mayor riesgo de recurrencia, metástasis y mortalidad en comparación con el bien diferenciado, lo que requiere un manejo quirúrgico activo junto con terapia adyuvante. Por ello, es fundamental identificar el subtipo al cual se está enfrentando para que se pueda planificar un tratamiento óptimo (2,7,8). Si bien, diferentes métodos de imagen como la ecografía, tomografía computarizada, resonancia magnética y PET son el estándar para reconocer la presencia del liposarcoma, no suelen facilitar la distinción entre ambos subtipos. Aun así, con esta limitación, se recomienda la TC con contraste para monitorear su progresión; en la práctica clínica, la fase venosa portal es la que comúnmente se emplea como estándar. El tratamiento de elección es la extirpación con márgenes amplios, sin embargo, incluso en los casos de resección exitosa, la mayoría de pacientes requiere de métodos terapéuticos adicionales debido a la alta tasa de recurrencia (9), Dado que es una entidad radiosensible, se reportan supervivencias a 5 años cerca del 70% para los liposarcomas diferenciados y del 20% para los indiferenciados. Cabe destacar la existencia de casos inusuales como los liposarcomas gigantes, que pueden superar los 20 kg(10). A continuación, se presenta una mujer de 73 años de edad quien tiene antecedente de cáncer de mama que requirió tratamiento quirúrgico y radioterapia adyuvante con remisión completa de la enfermedad. Sin embargo, en el seguimiento se desarrolló liposarcoma abdominal que al momento del diagnóstico mostró invasión y destrucción de cuerpos vertebrales e irrupción al canal raquídeo, lo que contraindicó el tratamiento quirúrgico. Se inició quimioterapia con pobre respuesta, la paciente suspendió tratamiento y perdio seguimiento. Dos años más tarde es valorada por trombocitopenia evidenciadose por ultrasonido lesiones hepáticas múltiples de componente sólido. Se realiza tomografía de abdomen trifasica que corrobora el diagnóstico de liposarcoma retroperitoneal gigante con metástasis hepáticas, figuras 1,2,3.
Conflicto de intereses
Los autores declaran que no tiene conflicto de intereses para la realización del presente trabajo.
Financiación
Los autores declaran que no recibieron financiamiento ex terno. Se utilizaron los recursos propios de las instituciones participantes.
Palabras clave: retroperitoneal sarcoma liposarcoma metástasis hepática
2026-10-07 | 6 visitas | Evalua este artículo valoraciones
Vol. 21 Núm.0. Abril 2026 Pags. 72-74 Rev Invest Cien Sal 2026; 21(Supl. 1)