Análisis de la pérdida de líquidos en jugadores de voleibol de sala para el diseño de estrategias efectivas de hidratación

Analysis of Fluid Loss in Indoor Volleyball Players for the Design of Effective Hydration Strategies 

Autores: Reyes Díaz Rosario Adriana, Ramírez Briano Diana, Bonilla Atala Valeria, Shields Morales Vanessa

Completo

Introducción

La hidratación es un componente esencial para mantener el rendimiento físico y prevenir eventos adversos durante la práctica de la actividad física deportiva, específicamente en deportes de alta intensidad como lo es el voleibol de salón. La pérdida de líquido corporal, a través de la sudoración, constituye el principal mecanismo de termorregulación durante el ejercicio. Sin embargo, cuando la pérdida no es compensada adecuadamente, se produce la deshidratación, la cual impacta negativamente en la función cardiovascular, coordinación motora y la capacidad de concentración(1,2). En ambientes donde prevalecen temperaturas y la humedad elevada, la pérdida de líquido a través de la sudoración aumenta. Este aumento trae como consecuencia la fatiga muscular, así como riesgos de calambres musculares e incluso golpes de calor (3). Como menciona la American College of Sports Medicine (ACSM), una pérdida de peso corporal superior al 2% reduce el rendimiento físico y cognitivo del individuo en deportes que requieren esfuerzos intermitentes con habilidades técnicas elevadas como en el voleibol de salón (4) . El volumen de sudor producido por cada deportista rara vez se determina en los diferentes contextos deportivos, lo que genera que el desarrollo de estrategias de hidratación personalizadas sea limitado; por lo que esta investigación tiene como objetivo contribuir a esta problemática desde una perspectiva aplicada, con evidencia obtenida un clima cálido y húmedo al sur de Veracruz.

Materiales y métodos

El estudio realizado fue observacional, cuantitativo y de corte transversal. La muestra estuvo compuesta por 13 deportistas masculinos pertenecientes a un equipo de voleibol de sala, con edades comprendidas entre 19 y 24 años. Los participantes fueron reclutados de manera intencional mediante criterios de inclusión, los cuales incluyeron el formar parte del equipo de voleibol y no padecer ninguna enfermedad metabólica que le impidiera practicar actividad física intensiva. Los deportistas con antecedentes médicos conocidos de enfermedades cardiovasculares, metabólicas u otras enfermedades que pudieran interferir con la evaluación de la pérdida de líquido corporal y el rendimiento deportivo fueron descalificados del estudio. El estudio se realizó en un gimnasio cerrado en Veracruz, México, de 17:00 a 18:00 horas. Las condiciones ambientales del lugar fueron controladas y registradas por un termohigrómetro digital portátil, que indicó una temperatura ambiente de entre 35-37 ° C y una humedad relativa del 65%. Estas condiciones fueron importantes para contextualizar la tasa de sudoración y su influencia en el rendimiento deportivo. Los voleibolistas siguieron un programa de entrenamiento previamente planeado, sin pausas para beber durante todo este estudio para que se pudiera medir la pérdida neta de agua. La masa corporal se midió antes y después del entrenamiento con una báscula de bioimpedancia Inbody Dial (± gramos). La tasa de sudoración individual se determinó mediante la siguiente fórmula:

Tasa de sudoración= (Peso inicial-Peso final/Hora)x100

Tasa de sudoración

Para el cálculo se tomó como referencia una hoja de ejercicio físico realizado. Según las recomendaciones de la ACSM, se sugiere rehidratar 1.5 (150%) el volumen de sudor perdido para asegurar una hidratación óptima de acuerdo a las condiciones ambientales. Para el análisis de datos se utilizaron estadísticas descriptivas y analíticas para analizar los datos. Se evaluaron la media, el rango y la desviación estándar para las variables de edad, peso corporal y tasa de sudoración con el fin de describir la muestra y explorar la dispersión de los datos. Se utilizó para el análisis de datos Excel 365.

Consideraciones éticas

El estudio se apegó a los principios éticos para las investigaciones médicas en seres humanos señalados en la Declaración de Helsinki de la Asociación Mundial Médica (64a Asamblea General, Fortaleza, Brasil octubre 2013) y con la legislación nacional vigente en la Ley General de Salud: Titulo Quinto y los lineamientos establecidos en el de la Norma Oficial Mexicana NOM-012-SSA3-2012.

Resultados

La muestra estuvo conformada por 13 deportistas masculinos de voleibol de salón, con una edad promedio de 20.3 ± años. El peso corporal inicial promedio fue de 75.6 ±13.7 kg, mientras que el peso final registrado, posterior a la sesión de entrenamiento, fue de 74.9 ±13.7 kg. Esto representó una pérdida media de 1.43 ±0.36 kg en una hora de actividad física (tabla 1). De acuerdo a estos datos se estimó una tasa promedio de sudoración de 1.43 ±0.36 L/h, con un rango de 1.0 y 2.2 L/h. Estos valores reflejan una variabilidad individual considerable, la cual se la atribuye a diferencias en la masa corporal, metabolismo y al nivel de aclimatación térmica. La reposición óptima de líquido, calculada de acuerdo a las recomendaciones del American College of Sports Medicine, fue en promedio 2.15 ±0.55 litros por sesión, con un mínimo de 1.5 L y un máximo de 3.3 L. (tabla 2). Al mismo tiempo, se identificaron efectos fisiológicos y alteraciones en el rendimiento deportivo asociados a mayores niveles de pérdida hídrica. Entre los principales efectos fisiológicos observados destacaron la fatiga temprana, sensación de agotamiento muscular, incremento en la percepción del esfuerzo y disminución de la capacidad de recuperación durante el entrenamiento. El deportista que presentó la tasa de sudoración más elevada (2.2 L/h) manifestó fatiga evidente y disminución en la precisión técnica durante las actividades específicas del entrenamiento. Asimismo, tres jugadores con tasas de sudoración entre 1.6 y 1.8 L/h reportaron menor velocidad de reacción y dificultades en la coordinación motora fina, particularmente durante acciones técnicas de recepción y bloqueo. En conjunto, cuatro de los 13 deportistas evaluados (30.7%) presentaron manifestaciones relacionadas con fatiga y deterioro de la coordinación motora. Por el contrario, seis jugadores con tasas de sudoración inferiores a 1.4 L/h mantuvieron un desempeño técnico estable a lo largo de la sesión de entrenamiento, conservando la precisión motora y la capacidad de respuesta durante los ejercicios realizados (gráfica 1). Estos resultados sugieren que, bajo las condiciones ambientales registradas en el presente estudio (36 ± 1 °C y 65 ± 3% de humedad relativa), mayores pérdidas hídricas podrían relacionarse con alteraciones fisiológicas y disminución del rendimiento físico-técnico en jugadores de voleibol de sala.

Discusión

Los resultados obtenidos en este estudio coinciden con investigaciones previas que han puesto en evidencia el impacto negativo de la deshidratación sobre el rendimiento físico y cognitivo en contextos del deporte. La pérdida de líquido observada 1.4±0.4 L/h se encuentra dentro del rango reportado para deportistas que practican deportes de esfuerzo intermitente bajo condiciones cálidas y húmedas (1,2). Estos números respaldan lo que señala Sawka et al (3), quienes observaron que, en climas calurosos, la pérdida de líquido puede ser mayor a los 2 L/h en atletas entrenados. La variabilidad individual en la producción osciló entre 1.0 y 2.2 L/h, evidenciando diferencias importantes en las necesidades individuales de hidratación(4,5). Este aspecto es aún más relevante cuando se considera que los deportistas con pérdidas superiores a 1.6 L/h manifestaron signos de fatiga temprana y falta de coordinación técnica, lo que sugiere una relación directa entre el grado de deshidratación y un 23% disminución del rendimiento motor. Este resultado denota lo que estudios anteriores han demostrado que incluso niveles moderados de deshidratación (1-2% del peso corporal) pueden comprometer de manera significativa la función cognitiva y las habilidades motoras del deportista tales como la precisión técnica, reducción de velocidad de reacción y coordinación motora fina (2,4,6).

Discusión

Los resultados obtenidos en este estudio coinciden con investigaciones previas que han puesto en evidencia el impacto negativo de la deshidratación sobre el rendimiento físico y cognitivo en contextos del deporte. La pérdida de líquido observada 1.4±0.4 L/h se encuentra dentro del rango reportado para deportistas que practican deportes de esfuerzo intermitente bajo condiciones cálidas y húmedas (1,2). Estos números respaldan lo que señala Sawka et al (3), quienes observaron que, en climas calurosos, la pérdida de líquido puede ser mayor a los 2 L/h en atletas entrenados. La variabilidad individual en la producción osciló entre 1.0 y 2.2 L/h, evidenciando diferencias importantes en las necesidades individuales de hidratación(4,5). Este aspecto es aún más relevante cuando se considera que los deportistas con pérdidas superiores a 1.6 L/h manifestaron signos de fatiga temprana y falta de coordinación técnica, lo que sugiere una relación directa entre el grado de deshidratación y un 23% disminución del rendimiento motor. Este resultado denota lo que estudios anteriores han demostrado que incluso niveles moderados de deshidratación (1-2% del peso corporal) pueden comprometer de manera significativa la función cognitiva y las habilidades motoras del deportista tales como la precisión técnica, reducción de velocidad de reacción y coordinación motora fina (2,4,6).

El contexto ambiental en el que se realizó el estudio, temperaturas entre 35-37°C y 65% de humedad relativa, indica la importancia de la aclimatación térmica como parte del entrenamiento. Diversos autores han sugerido que incorporar estrategias proactivas como pausas programadas para hidratación, consumo de bebidas con electrolitos y la educación sobre síntomas tempranos de la deshidratación, mejoran la seguridad del deportista como su rendimiento deportivo (7,8). El sudor no sólo representa una pérdida de agua, sino también de electrolitos esenciales como lo son el sodio, el potasio y el cloro, cuyo desequilibrio o perdida significativa puede generar efectos adversos sobre la función muscular y neuromuscular (5,9). Por tanto, es fundamental implementar estrategias de rehidratación posteriores al ejercicio que contemplen tanto la reposición hídrica como la recuperación de electrolitos, especialmente sodio, en cantidades adaptadas a las pérdidas individuales de cada deportista. En este sentido, el American College of Sports Medicine recomienda consumir entre 1.25 y 1.5 L de líquido por cada kilogramo de peso corporal perdido durante el ejercicio, con el objetivo de favorecer una recuperación hídrica completa y compensar las pérdidas urinarias posteriores (3,4) . Asimismo, Shirreffs et al (6) demostraron que las bebidas con concentraciones de sodio entre 20 y 50 mmol/L favorecen una mayor retención de líquidos en comparación con el agua simple, particularmente en condiciones ambientales calurosas y húmedas. Estas estrategias cobran especial relevancia en ambientes con temperaturas superiores a 30 °C y elevada humedad relativa, como las registradas en regiones tropicales y costeras, donde el riesgo de deshidratación y deterioro del rendimiento físico aumenta considerablemente (2,5).

Conclusión

Este estudio confirma la importancia crítica de la hidratación individualizada en entornos deportivos de alta exigencia física y condiciones ambientales adversas, como el voleibol de sala practicado en ambientes muy cálidos y húmedos. Se hizo evidente una amplia variabilidad en las tasas de sudoración de los diferentes deportistas, con valores que oscilaron entre 1 y 2.2 L/h, lo que indica que es muy importante que las estrategias de hidratación sean personalizadas, ya que las genéricas son insuficientes para garantizarle al deportista un rendimiento óptimo. Por otro lado, los resultados muestran que los jugadores con mayor cantidad de líquido perdido experimentaron una disminución significativa en la coordinación motora, precisión técnica, velocidad de reacción, lo que deja en evidencia el impacto negativo de la deshidratación sobre el rendimiento físico y cognitivo. Este efecto se agrava en condiciones de alta temperatura y humedad, donde el riesgo de un desequilibrio hidroelectrolítico es mayor. Los resultados obtenidos ofrecen evidencia de campo que puede ser utilizada para la elaboración de protocolos de hidratación personalizados, no sólo en el voleibol, sino en cualquier deporte de alta intensidad. Promover prácticas de hidratación personalizadas y educación continua para atletas y entrenadores representa una inversión efectiva en salud, seguridad y en el rendimiento deportivo.

Conflicto de intereses

Los autores declaran que no tienen conflicto de intereses para la publicación del presente artículo.

Financiación 

Los autores declaran que no recibieron financiamiento externo. Se utilizaron los recursos propios de las instituciones participantes.

Palabras clave: tasa de sudoración hidratación rendimiento físico deshidratación voleibol de sala.

2026-10-16   |   0 visitas   |   Evalua este artículo valoraciones

Vol. 21 Núm.0. Abril 2026 Pags. 22-26 Rev Invest Cien Sal 2026; 21(Supl. 1)