Los alimentos transgénicos

Autor: Quijano Narezo Manuel

Fragmento

Se ha vuelto a reanimar en estas semanas la cuestión de los “alimentos transgénicos”, con argumentos muy apasionados de parte de los ecologistas. La discusión se vuelve enfadosa porque se toman actitudes que recuerdan el fundamentalismo religioso (islámico, judío o cristiano) o la intransigencia de los “pro-vida” respecto a la contracepción y el uso del condón. Se me ocurre recordar que la modificación genética de las plantas lleva ya milenios de efectuarse, inclusive en nuestro país: el polen del maíz que se encontró en unas cuevas de Coscatlán, Puebla, al que se le reconoció una antigüedad de 6,000 años y que señala la fecha en que los antiguos mexicanos se incorporaron a la agricultura y a la vida sedentaria capaz de crear y desarrollar una cultura que nos enorgullece, era de espigas de 3 cm de largo; lo deben haber domesticado y modificado hasta obtener las preciosas mazorcas de 30 cm que aparecen en las estelas mayas. Y hace apenas unas cuantas décadas todos aplaudíamos con entusiasmo los trabajos de la revolución verde realizada, por cierto, en México por Norman Borlaug, (ganador por ello del Nobel de la Paz), que produjo el maíz híbrido y una variedad de trigo, con mayor productividad por hectárea, y que fueron llevados a Asia y otras partes del mundo. Asimismo, todos estamos enterados que, mediante la técnica de cruces intencionados desde hace mucho tiempo se han generado especies de vacas que producen más leche diaria que otras, o borregos y terneras más grandes, fuertes y con más carne. Eso sin mencionar otras manipulaciones, algunas ya prohibidas en casi todas las naciones, como la administración de antibióticos u hormonas que posiblemente modifican también los caracteres hereditarios.

Palabras clave: .

2003-04-23   |   755 visitas   |   1 valoraciones

Vol. 45 Núm.4. Julio-Agosto 2002 Pags. 159-160. Rev Fac Med UNAM 2002; 45(4)