Fragmento

Los médicos usan medicamentos de los que saben poco, para tratar enfermedades de las que saben menos en pacientes de los que no saben nada. Voltaire, S. XVIII

Médico de 66 años, ingresó inconsciente a urgencias de un hospital privado de 3er nivel de atención, en el Sur del D.F. Interrogatorio indirecto: diarrea aguda, líquida, amarillo-verdosa, con restos de alimentos al principio y casi pura agua después, 6 evacuaciones/24 horas, de varios días de evolución, sin otras manifestaciones; Automedicado durante 3 días con ampicilina (penbritin), cápsulas de 500 mg, 1 g c/8 horas, VO, con lo que desapareció la diarrea. Cinco días después por la mañana, recayó; la diarrea fue más intensa y frecuente, y presentó sopor hasta quedar inconsciente 12 horas después. Exploración física: Paciente inconsciente con TA 130/90 mmHg, FC 90/min, FR espontánea 17/min, T 36 ºC, complexión gruesa y lesiones en la lengua; internado y aislado: “infectocontagioso”. Indicaciones: solución salina fisiológica (SSF), 1,000 mL para 6 horas, IV; estudios: BH, QS, EGO y reacciones febriles. Ocho horas después el paciente recuperó el conocimiento y la QS reveló glucosa de 160 mg/dL; durante la visita médica se le preguntó: ¿Es usted epiléptico, diabético o insuficiente renal?, lo cual fue negado y explicó: “Las lesiones en mi lengua se deben a una prótesis bucodental reciente y mal ajustada, y tomé ampicilina que produce falsos positivos en la glucemia”. Se ordenó determinar la glucemia cada 12 horas y un nefrólogo, quien resultó exalumno del paciente, al revisarlo no encontró datos de insuficiencia renal, confirmada por la recolección de orina de 24 horas. Las dos glucemias siguientes resultaron normales.

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2003-11-15   |   1,214 visitas   |   Evalua este artículo 0 valoraciones

Vol. 46 Núm.6. Noviembre-Diciembre 2003 Pags. 243-245. Rev Fac Med UNAM 2003; 46(6)