“Mi querido amigo: estoy destrozado. Acabo de pasar un examen médico de la Clínica Mayo, y he suspendido en todos los test. No sólo pero casi el doble de que los debo, sino que mi tensión arterial anda por las nubes. Mi médico me ha ordenado una dieta increíblemente dura y estricta, en la que no cabe más un vaso de vino al día y 5 onzas de whisky, y por si fuera poco...nada de favores de alcoba!!!. Así se lamentaba en una carta dirigida a un buen amigo, el premio de Nobel de Literatura de 1954, Ernest Hemingway. A nadie se le oculta hoy en día, que el ilustre escritor optó por una vida disipada, en la que el alcohol y los abusos dietéticos ocuparon un destacado lugar, Hemingway gustó de vivir y gozar en mil sitios de este mundo. Fue corresponsal de guerra durante la contienda española de 1936. Sus experiencias le valieron por escribir una de sus famosas novelas: “Por quién doblan las campanas”. Durante muchísimos años, fue distinguido visitante de Pamplona durante “Los sanfermines”. Su interés por la fiesta de los toros y su amistad con los toreros más famosos del mundo, fue tan intensa como su pasión por los buenos vinos y por la excelente mesa que suele servir Navarra. Su amor por España quiso que sus cenizas reposaran definitivamente en ese suelo.
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2004-02-23 | 1,465 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 62 Núm.111. Julio-Diciembre 1997 Pags. 128-129 Rev Inst Med Su 1997; LXII(111)