Achachila padre

Autor: Gamarra Durano Alfonso

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Achachila padre el del epidídimo grande bolsón donde se acumulan los seres que se mueven en la puna. No queremos el percance de comer los vientos de buscar exhumadas raíces para chuparles la tierra como jugo. Achachila padre, montaña, ente creador, vacuno y ave, dídimo y epidídimo, no almacenes tus obsequios para dosificar tus afluencias. Haz fértiles a las tierras mojándolas con tu simiente. Porque el polvo ha estregado la espalda de los días; los suelos cuarteados son el remanente del frío y la aridez succiona al viento su manantial de vacíos. Las témperas de la noche escarchan al sesgo un reducto de las sombras. Cada estrella tiene su lente de hielo para observar que el aliento mude su forma en arena, de esta manera la paja desarrapada se inclina y todo surco es un molde de una vírgula en terrones. Achachila padre, deben aparearse lo que es presagio en la pampa con lo que es grande en tu forma, surgir de las nubes que te coronan como madrina, la lluvia como cálices de ofrenda, los charcos y el timbalero del trueno que dibuje con el rayo el injerto de tu fuerza con la multiparidad de los suelos. La catalepsia de la pampa finge que es un desierto, cada estrato siente la zozobra de un conformarse y, antes que el mundo sea yermo y los hombres monolitos, que venga tu voz orbital. Achachila padre, ente enquistado en la peña, descoagula los morados nubarrones y esparce hacia los suelos sedientos tu rutilar líquido en semilla.

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2004-03-10   |   1,928 visitas   |   Evalua este artículo 0 valoraciones

Vol. 68 Núm.123. Julio-Diciembre 2003 Pags. 129-130 Rev Inst Med Su 2003; LXVIII(123)