Jamás imaginé escribir algo que se pudiera publicar, y menos para una revista internacional de medicina. Gracias, amigos mexicanos, por esta oportunidad. Generalmente cuando escuchamos la palabra dolor, la asociamos con algo físico, con lesiones o golpes; sin embargo, yo quisiera enfocarla al sufrimiento que provoca jugar el último partido. Dejar de pisar el césped, es decir, jugar el último partido de futbol, significa apartarse de un modo de vida muy particular. Es alejarse de una selección de futbol que representa a una potencia mundial, la cual se enfrenta con garra y estilo a otros equipos en estadios llenos, es dejar de sentir la adrenalina y la caricia del balón en el botín antes de hacer un pase. Jugar el último partido divide la existencia en un antes y un después. Saber que el silbatazo que marca el final del juego también determina el final de una vida es doloroso.
2004-08-20 | 682 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 2 Núm.12. Junio-Julio 2004 Pags. Dol Clin Ter 2004; II(12)