El sabor de la derrota

Autor: Alonso Anselmo

Fragmento

Ninguno de los que estaban en el campo podía asegurar cuál sería el resultado del cobro del tiro penal. Muchos kilómetros alejado estaba todo un país, cien millones de gargantas estaban listas para gritar la posible ventaja que tendría nuestro equipo de futbol, el cual estaba jugando en ese momento contra Bulgaria en los octavos de final de la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994.Pese a todo, la selección mexicana tenía buenas posibilidades de pasar a la siguiente ronda para colarse de lleno —como pocas veces— en un mundial a los cuartos de final. El marcador final había sido uno por uno. Desde el minuto siete, Hirsto Stoichkov había puesto adelante a los búlgaros, sin embargo, al minuto 18 llegó el tan ansiado empate de nuestro equipo a cargo de Beto García Aspe. El tiempo de compensación había terminado. Los penales eran inevitables. El primero en tirar daba seguridad al equipo. Se trataba del mismo Beto García, el autor del gol, así que no sería difícil que metiera el segundo. Desde el manchón penal la comunidad latina en Estados Unidos estaba atenta, todo México estaba preparado para vitorear el primer gol de la tanda de nuestro equipo. El portero estaba en su posición. Alberto se perfiló, se acercó al balón. Las gargantas estaban pronunciando la “g” de gol cuando la potente pierna de Beto se empotró en el balón y éste no pudo cruzar las lianas. El penal había sido fallado. Millones de personas exclamaron: “no, por favor, no puede ser”. Las miradas se cruzaban, desconcertadas, nadie sabía bien qué sucedía, en esos instantes se nos estaba escapando la posibilidad de pasar a la siguiente ronda, los aficionados al futbol, con la pasión que caracteriza al juego del balompié, mostraban sus rostros desencajados a la espera del primer tirador búlgaro.

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2004-08-20   |   753 visitas   |   Evalua este artículo 0 valoraciones

Vol. 2 Núm.12. Junio-Julio 2004 Pags. 15-18 Dol Clin Ter 2004; II(12)