Autor: Manzo Vieyra Armando
Reza un dicho muy popular: “sin dolor no hay ganancia”, y en el deporte tanto amateur como profesional muchas ocasiones éste se cumple cabalmente, ya que las ansias de éxito siempre implican un sacrificio y el dolor de llevarlo a cabo, no sólo en el aspecto personal sino en el entorno social que rodea al atleta. El futbol es un buen ejemplo de cómo el dolor hace que alguien mejore constantemente, y si su intención es llegar a la actividad profesional, pues con mayor razón se vive, pero bien vale la pena cuando se alcanza el triunfo. Vamos por partes. Las personas, como sucede en muchas actividades deportivas, si quieren ser profesionales del futbol tienen que empezar desde pequeñas. Es ahí donde aprenden las primeras experiencias dolorosas. Es en sus primeros escarceos como futbolistas cuando sienten el dolor de una entrada fuerte, de una patada, de un balonazo en la cara o en cualquier parte del cuerpo que les va a llevar a conocer la realidad de este deporte. Con ello, su umbral del dolor aumenta para que no tengan miedo de pararse frente a un adversario o, en caso de ser porteros, no teman jugarse el físico ante un delantero. Cuando son adolescentes, los futbolistas profesionales en potencia deben aprender que para ser de los mejores tienen que sacrificar muchas cosas, como ir a las fiestas con los cuates, atender bien a la novia, lo que les provocará dolores de cabeza. Además de eso deben entrenar hasta que les duelan las piernas y el cuerpo, porque de ello obtendrán beneficios importantes en el terreno de juego.
2004-08-20 | 1,468 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 2 Núm.12. Junio-Julio 2004 Pags. 27-28 Dol Clin Ter 2004; II(12)