Autor: Restrepo Ramírez Luis Carlos
En su clasificación de las crisis por las que pasa el individuo en su ciclo vital, Erik Erikson hace referencia al dilema confianza-desconfianza, como característica de la primera de estas crisis que vive el niño a los tres años de edad. Las consecuencias se harán sentir durante el resto de la vida. Si el niño opta por la confianza, se abrirá a la reciprocidad interpersonal y podrá concitar a su alrededor las fuerzas de la solidaridad y de la construcción grupal. Al contrario, si su equívoca relación con los adultos que lo rodean, en especial la madre, lo lanzan hacia la desconfianza, primará un estilo de pensamiento esquizoparanoide, que escinde el mundo de manera radical entre buenos y malos y se dificultará la percepción integral del objeto. Además, este estilo de pensamiento se caracteriza por colocar todo lo malo en el mundo exterior, mientras el sujeto se percibe a sí mismo como depositario de lo bueno, por lo cual proyecta de manera persistente hacia el afuera todo lo que percibe como sucio o desintegrado. Estas representaciones proyectadas hacia el mundo externo retornan a su vez como presencias persecutorias que amenazan la integración, de por sí frágil, de este sujeto escindido. He aquí, en pocas palabras, la esencia de la vivencia psicótica, que nace de la imposibilidad de construir con los demás una relación de recíproca confianza que permita los intercambios afectivos.
2004-09-02 | 4,859 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 31 Núm.4. Diciembre 2002 Pags. 271-284 Rev Col Psiqui 2002; XXXI(4)