Autor: Cortés Buelvas Armando
Por estos días se inaugura el “Centro de consulta post-mortem del Hospital Universitario del Valle”, una denominación más apropiada para la autopsia «ver por sí mismo» o cualquiera de sus sinónimos necropsia, examen post-mortem, necroscopia, o tanatopsia; todos ellos no aceptados y condicionados por factores culturales, sociales o religiosos. Estos términos han alcanzado una connotación claramente negativa en el ambiente médico y en el público general. Quizás, el mejor término sea «consulta post-mortem», porque representa en verdad un examen médico después de la vida, cuyos objetivos son la búsqueda de las causas de la muerte, el análisis de la enfermedad básica, sus efectos y complicaciones y las consecuencias de la intervención médica. Nadie puede dudar de los aportes a la medicina de la consulta post-mortem. Su carácter riguroso transformó la medicina animista en el presente científico. Así aprendimos las lesiones producidas en los órganos, las anomalías asociadas con los defectos congénitos, las infecciones silenciosas o la cardiopatía en el hipotiroidismo; nos ha permitido identificar nuevas enfermedades, nuevas formas o patrones de presentación de viejas enfermedades, reconocer a ciertos agentes patógenos, conocer cómo la terapéutica cambia la historia natural de ciertas enfermedades, etc., y, en consecuencia, cómo debemos replantear los enfoques terapéuticos y de manejo; y ha dado origen a ideas para tratamientos médicos y quirúrgicos y el control de la efectividad de los tratamientos médicos.
2005-06-15 | 875 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 36 Núm.2. Abril-Junio 2005 Pags. 64 Colomb Med 2005; 36(2)