Oración a Finlay, 2005

Autor: Guzmán Tirado María Guadalupe

Fragmento

Estimados académicos, estimados colegas, amigos del IPK: Hace solo 72 horas leí una nota publicada en la revista Emerging Infectious Disease, volumen 11 No. 10 de octubre de 2005 que me dejó perpleja y asombrada. La nota resume los aspectos más importantes del libro Yellow Jack-How Yellow Fever Ravaged America and Walter Reed Discovered its deadly secrets publicado por John R. Pierce y James V. Walter este año. El libro (de acuerdo con la nota publicada por Stanton Cope del Naval Institute for Dental and Biomedical Research, Illinois) reúne 15 capítulos dedicados a la historia de la introducción de la fiebre amarilla (FA) en Norteamérica antes de 1900 y principalmente a discutir el trabajo desarrollado por la comisión norteamericana para el estudio de la FA liderada por Walter Reed. De acuerdo con Cope, y cito, Walter Reed diseñó una serie de experimentos simples utilizando voluntarios humanos que mostraron con claridad que la FA se transmitía solo por la picadura de mosquitos infectados y no por fómites contaminados o venenos en el aire. El capítulo 6 compara el papel desempeñado por el médico cubano Carlos Juan Finlay y el norteamericano George Miller Sternberg antes y durante esta comisión. Finlay, según Cope, teorizó que los mosquitos transmitían la FA mientras que Sternberg decía que había descubierto una bacteria que la causaba. Es increíble que aún hoy a más de 120 años de la presentación por Finlay de su trabajo El mosquito hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la FA y de la publicación de sus artículos, en los que presenta sus experimentos y resultados que demuestran sin lugar a duda la transmisión de la FA por el Culex mosquito (hoy conocido como Aedes aegypti), todavía existan quienes duden que el crédito de este descubrimiento pertenece solamente al sabio cubano Carlos J. Finlay.

Palabras clave:

2006-07-05   |   1,560 visitas   |   Evalua este artículo 0 valoraciones

Vol. 58 Núm.1. Enero-Abril 2006 Pags. Rev Cubana Med Trop 2006; 58(1)