Autor: Martínez Calvo Silvia
Hace dos décadas la expresión “ideales de salud y vida”, se hizo frecuente en el campo de la Salud Pública, especialmente en la Región de las Américas, aunque sin precisar sus pretensiones. Consideré que esta propuesta se remontaba a los tiempos fundacionales de la Medicina Social y sus corrientes iniciadoras cuando, atinadamente, la salud se vinculaba con las condiciones de vida y de trabajo. Con esta percepción, suscribí esas intenciones de re-construir los enfoques de salud y supervivencia, que se habían dispersado en las concepciones reiteradas de comunidad, colectivo, conjunto, grupos, población y que se analizaron y analizan en innumerables artículos, documentos oficiales, conferencias y debates. Para traducir esos “ideales” en hechos concretos, me interrogo: ¿cuál es el ideal de salud y vida de los ciudadanos, de esos cuya suma, conforma los grandes conjuntos humanos que todos coinciden en reconocer como objeto invaluable de la Salud Pública? En nuevas revisiones y confrontaciones y, en dependencia de la época y del contexto, encontré que como siempre, el espíritu indagador que caracteriza a las “masas críticas” de salubristas en varios países altamente desarrollados, detectó en las respuestas ciudadanas obtenidas en diversas investigaciones, que esos ideales se vinculaban con buenos estándares de vida, derivados de la estabilidad económica personal y familiar, con la seguridad de estar protegidos contra las amenazas de la guerra (recordar la denominada etapa de “Guerra Fría”), la disminución de riesgos y la muerte prematura por cáncer y por VIH/SIDA.
2006-10-16 | 1,848 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 32 Núm.3. Julio-Septiembre 2006 Pags. Rev Cubana Salud Pública 2006; 32(3)