Fragmento

Los trastornos funcionales del aparato masticatorio incluyen cualquier alteración en las relaciones de los dientes con sus estructuras, tales como: los maxilares, la articulación temporomandibular (ATM), los músculos, así como la inervación y vascularización de los tejidos. La ATM y los músculos masticatorios se destacan como centro de primordial importancia en la comprensión de sus funciones y a partir de estos se analizan las posibles disfunciones que puede presentar el paciente, pues ambos trabajan en estrecha relación para mantener el equilibrio de todo el sistema. La articulación temporomandibular, eje estructural y funcional del sistema estomatognático, es la que más demuestra mantener una correlación estructura-función y está constituida por: 2 superficies articulares (una perteneciente a la mandíbula y la otra al hueso temporal), un disco articular, la membrana sinovial que rodea al disco, la cápsula articular y los ligamentos articulares. La actividad funcional de la ATM depende de la información propioceptiva del ligamento periodontal, mucosa bucal y oclusión dental o prostodóntica; posee, por tanto, un complejo control nervioso. Puede considerarse que la oclusión es el factor determinante del movimiento mandibular, pues la forma como los dientes entran en contacto, representa un estímulo que será “recogido” por los propioceptores de la membrana periodontal, vinculado al sistema nervioso central y allí terminará por dar una respuesta neuromuscular, normal o patológica, según tipo de estímulo; o sea, según programa oclusal del paciente: si la respuesta es normal, existirán patrones de masticación, deglución y fonación normales; y si patológica, aparecerá un síndrome de disfunción craneomandibular. Este último constituye un complejo y florido conjunto sintomático, como consecuencia de trastornos funcionales que alteran alguno o varios de los componentes del aparato masticatorio o estructuras anatómicas asociadas, o de ambos. En la década de los 50, el síndrome de dolor-disfunción fue descrito por Schwartz (1955) y más tarde revisado por Shore (1959), el cual decidió denominarlo síndrome de disfunción de la articulación temporomandibular, si bien luego aparecieron los términos alteraciones funcionales de la ATM, acuñados por Ramfjord y Ash; sin embargo, Laskin lo identificó en 1969 como síndrome de disfunción miofacial. Obviamente, estos y otros nombres se refieren a concepciones clínicas de un mismo problema; pero como los síntomas no afectan solamente la ATM, se introdujo una identificación más amplia: la de síndrome de disfunción craneomandibular (DCM) para abarcar el sistema masticatorio, que además de ir ganando en popularidad, fue la usada en este trabajo.

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2006-11-07   |   7,055 visitas   |   2 valoraciones

Vol. 10 Núm.2. Abril-Junio 2006 Pags. Medisan 2006; 10(2)