Las herramientas que construyeron el árbol de la vida

Autor: Rossi María Susana

Fragmento

Una de las características que nos distinguen del resto de los seres vivos es el lenguaje. Como parte de su mecanismo, necesitamos describir aquello que nos rodea, lo que implica asignar nombres que permitan identificar a los objetos animados e inanimados. Como consecuencia de la gran cantidad de elementos descriptos, y frente a la necesidad de entender a qué nos referimos, surgen las diferentes maneras de clasificarlas. Este artículo repasa la historia de la clasificación de los seres vivos, desde las primeros intentos de ordenar los organismos utilizando un lenguaje común basado en sus propiedades, los nombres de especies latinizados binomiales propuestas por Carl von Linné (conocido como Linneo) que aún hoy se utilizan, hasta la nueva filogenia, derivada de las técnicas de biología molecular que surgieron a fines de la década del 70, que incluye a especies nunca vistas por el hombre, conocidas sólo a través de su secuencia de RNA ribosomal; su “firma” molecular. Nombrar Mucho antes que Darwin publicara, finalmente en 1859 y después de veinte años de estudio, El origen de las especies, libro en el que formula la teoría de la evolución por selección natural, la clasificación de las especies se establecía en base a semejanzas morfológicas. Esta fue la base de la obra monumental del botánico sueco Carl von Linné, quien, a finales del siglo XVIII, propuso una clasificación jerárquica de los seres vivos en categorías inclusivas: especie, género, familia, orden, clase, filum y reino. Carl von Linné clasificó de esta manera una enorme cantidad de especies de plantas y animales. La idea aceptada por la mayoría de los naturalistas de la época era que cada especie había sido creada por Dios, siguiendo un “plan maestro” y, dado que intentaban entender “el plan total de la creación”, había que describir la mayor cantidad posible de especies. En base a estas semejanzas morfológicas se establecía también la afinidad entre los ejemplares fósiles y las especies existentes. Para establecer qué caracteres era conveniente considerar en las comparaciones, así como la secuencia evolutiva de una característica en particular, es decir, establecer cuál era su condición primitiva y cuál su condición derivada, se convocaba a un especialista en el grupo de organismos en cuestión. El especialista establecía, de acuerdo a su conocimiento del grupo, las afinidades entre las especies. Esto suponía darle mucho peso al criterio de autoridad basado en la opinión de un científico consagrado. Inevitablemente, las clasificaciones tenían, entonces, una dosis alta de subjetividad.

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2007-01-17   |   1,677 visitas   |   Evalua este artículo 0 valoraciones

Vol. 4 Núm.2. Septiembre 2005 Pags. 68-73 Qviva 2005; 4(2)