Autor: Moreno González Enrique
Hoy es un día muy especial por haberme permitido acercarme a esta insigne Corporación, y a pesar de mis escasos méritos, recibirme en su seno. Me doy cuenta de que entro a la Academia Nacional de Medicina que fue establecida por la Ley 71 de 1890, gracias al deseo expreso de los doctores Jorge Holguín, Adriano Tribín, Enrique de Narváez y Miguel Angel Peñarredonda de transformar la Sociedad nacida en el año de 1873 para el estudio y adelanto de las ciencias médicas y naturales, solidarizar al cuerpo y darle unidad al ejercicio profesional. Me parece sentir las voces gentiles de augustos caballeros como Manuel Plata Azuero, catedrático de Terapéutica y hábil parlamentario; Nicolás Osorio, eximio investigador y Decano de la Universidad; Liborio Zerda, extraordinario naturalista, apóstol de la educación; Leoncio Barreto, Catedrático, farmaceuta y obstetra de gran prestigio; Evaristo García, catedrático polifacético y profundo humanista; y el joven médico bugueño Abraham Aparicio, más tarde Concejal y Alcalde de esta maravillosa ciudad de Bogotá. Reciban y acepten con benevolencia este recuerdo que me embarga al entrar en esta sede, sintiendo con fuerza el honor que ustedes me hacen.
2008-04-01 | 1,287 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 21 Núm.3. Noviembre 1999 Pags. 5-11 Medicina Ac. Col. 1999; 21(3)