Autor: Perrier José Pedro
La ubicación del médico en la sociedad ha cambiado, de la misma manera que lo ha hecho la visión que de la medicina tienen la sociedad y los estados. El desarrollo de la fisiología y la patología, así como de la bacteriología y de métodos de investigación del ser humano vivo (hoy englobados dentro de la denominación genérica de exámenes paraclínicos o de diagnóstico) permitieron estudiarlo mejor y buscar soluciones cada vez más efectivas para el control de las enfermedades. Y, lo que es más, para prevenirlas. Fue tal vez en la primera mitad del siglo XX que la medicina logró consolidarse con una actividad científica. A partir de entonces el accionar de los médicos fue considerado efectivamente como liberal e independiente. El médico no sólo era quien podía “curar”, sino que fundamentado en un conocimiento casi exclusivo, aconsejaba y elegía por el paciente y su familia, la o las mejores opciones terapéuticas de acuerdo a las circunstancias y a las posibilidades del mismo y de las del medio. Aún trabajando dentro de grandes instituciones, el médico tenía autonomía. Decidía según su real saber o entender o de acuerdo a programas o propuestas realizadas y aprobadas con sus pares. Logró poseer un conocimiento propio, independiente de todos los otros existentes y de profunda repercusión en la sociedad. Progresivamente los estados recurrieron a la aplicación de esos conocimientos para mejorar el estándar de vida de sus ciudadanos, protegiendo su salud y facilitando la recuperación de la misma cuando era perdida.
2008-09-03 | 748 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 60 Núm.4. Agosto 2008 Pags. 357-362 Rev Chil Cir 2008; 60(4)