Autor: Arteaga Cabrera Wálter
Gil es como parte de sus paisajes pintados con precisión y sutileza. Busca la luz que es vida y ternura, los ocres que son particularidad y vida, así el paisaje se consubstancia con la montaña lejana, con blancas nubes o nubarrones de presagio, de angustia, de soledad arrinconada por el viento altiplánico. La angustia presente en la pintura de Gil es el grito, o el silencio que siendo tierra se humaniza en la figura femenina, de ojos ardientes o apagados por la brillantez del cielo. Son los ojos que están avizorando el signo escalonado, cruciforme, que se multiplica y como por encanto del pincel forma la tesitura de espacio-tiempo, cielo y tierra y la figura humana rodeada del signo andino. Mujeres, niños, parejas alusivas a la siembra, la simiente, la vida triste explotada y alegrada en los blancos como ancla de sabiduría y derroche de luz y de llamada de atención al sentimiento (pintura simbólica o expresionista). A través de los años va tomando otros caminos en la pintura aunque conservando su propia personalidad, sus ojos dulces que de lo terrígeno buscan lo cósmico llegan al humanismo, hacedor del milagro de la vida en el majestuoso paisaje que siendo vida es sufrimiento y luz.
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2008-10-18 | 3,567 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 73 Núm.131. Enero-Junio 2008 Pags. . Rev Inst Med Su 2008; LXXIII(131)