Importancia del manejo de la hipertensión endocraneana en meningitis criptocócica en pacientes con síndrome de inmunodeficiencia adquirida

Informe de dos casos 

Autores: Niño Oberto Sandra, Estañol Vidal Bruno, García Ramos Guillermo S, Vega Boada Felipe, Sierra Madero Juan G

Resumen

Se presentan dos casos de criptococosis meníngea e hipertensión endocraneana severa en pacientes con infección por virus de inmunodeficiencia humana (VIH). La hipertensión endocraneana se presentó al momento del diagnóstico y persistió a pesar del tratamiento antifúngico adecuado (anfotericina B, 5-fluocitosina inicialmente y después fluconazol). La presencia de hipertensión endocraneana y aracnoiditis es capaz de condicionar cefalea intensa, crisis convulsivas y alteraciones visuales y auditivas. En la tomografía axial computarizada no había dilatación ventricular ni lesiones focales. Ambos casos se manejaron, además de anfotericina B y fluconazol, con punciones lumbares repetidas y colocación de válvula lumboperitoneal derivativa (VLP) en vista de persistencia de la hipertensión endocraneana. En un paciente hubo pérdida de visión por atrofia del nervio óptico en un ojo. Después de un año de seguimiento, uno de los pacientes falleció por progresión de su enfermedad; el otro continúa vivo, sin evidencia de enfermedad neurológica. La hipertensión endocraneana es una manifestación frecuente de meningitis criptocócica en pacientes con síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) que requiere manejo diagnóstico y tratamiento apropiados. La hipertensión endocraneana en pacientes con SIDA y meningitis criptocócica debe tratarse con medidas encaminadas a reducir la presión intracraneal, las cuales incluyen punciones lumbares repetidas y, en algunos casos, sistemas de derivación como válvula lumboperitoneal o válvula ventrículo-peritoneal.

Palabras clave: Meningitis criptocócica hipertensión endocraneana válvula lumboperitoneal.

2003-01-14   |   5,365 visitas   |   1 valoraciones

Vol. 51 Núm.5. Septiembre-Octubre 1999 Pags. 303-307. Rev Invest Clin 1999; 51(5)