Autor: Souza y Machorro Mario
Desde su nacimiento la Psiquiatría ha sido una actividad sustancial de la medicina, no sólo por su natural origen biopsicosocial, sino porque su estirpe implica un estrecho vínculo con el resto del quehacer profesional y, en la actualidad, de las otras especialidades médicas. Tal interrelación etiopatogénica es responsable de que los fenómenos psíquicos y de la conducta se integren en una nosografía. De ahí que esta disciplina se corresponda naturalmente con el ámbito del saber médico y se fortifique por su dedicación y estudio del conocimiento, profilaxis, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de los trastornos mentales (TM), a partir de una amplia base de observación clínica e investigación científica, especialmente vigorizada en los últimos decenios. Históricamente considerada, la Psiquiatría posee un estatus científico complejo, pues a la vez que forma parte de las ciencias médicas, sigue siendo ciencia de la “subjetividad”. Ello se patentiza en la práctica, junto con los desarrollos empíricos, la documentación emanada del conocimiento biológico y la cada vez más rigurosa metodología aplicada que le imprimen un destacado valor a la experiencia clínica. La Psiquiatría tiene por objeto el estudio y tratamiento de los TM que afectan la relación humana; su meta es conseguir la mejor adecuación del soporte con su medio, de forma tal que asegure autonomía y adaptación a las distintas condiciones que conforman la existencia. Su carácter de disciplina teórica se destina al estudio del TM; en cuanto ciencia aplicada, al paciente mental, y en sentido práctico, representa la especialidad médica dedicada al saber y manejo de los TM descritos por el comité de expertos de la OMS. En consecuencia, la actividad profesional psiquiátrica incluye una amplia gama de intervenciones técnicas, desde aquellas de carácter interpersonal como las psicoterapias hasta las actividades de estirpe somática como la psicofarmacología, TEC, que demuestran su eficacia cada vez más específica y certera, en los distintos ámbitos de manejo. En consecuencia, para consolidarla se requiere de una labor formativa diversa, planeada, supervisada y continuada que se viene realizando desde hace varios decenios para la formación de estos especialistas. En los distintos países donde se forman éstos, se observa una tendencia marcada por las necesidades médicas y psicosociales de cada entorno, así como de los recursos de las instituciones participantes y como en el caso de México, derivan también de una circunstancialidad a la vez, sui generis y universal. Dadas las circunstancias particulares de esta disciplina, las comisiones docentes de las distintas universidades procuran incluir el currículum más intenso y adecuado en cuanto a forma y profundidad, para alcanzar una estructuración completa e integral. No obstante, con el pasar el tiempo los planes formativos han cambiado y se ajustan a las necesidades surgidas de las circunstancialidad que rodea y caracteriza su ejercicio. Véase, por ejemplo, cómo cierta estructura organizativa reúne lo mismo programas destinados a la atención comunitaria de la salud mental, de la atención de Urgencias u hospitalización breve. En el caso de la rehabilitación, se pretende ofrecer precozmente la continuidad del tratamiento, la coordinación y el seguimiento, implicando a la familia como un elemento terapéutico decisivo.
2009-12-04 | 1,031 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 10 Núm.5. Septiembre-Octubre 2009 Pags. 333-335 Rev Mex Neuroci 2009; 10(5)