Autor: Jave Castillo Oswaldo
En la década de 1990, arqueólogos peruanos y norteamericanos descubrieron al sur del Perú momias de más de 1000 años de antigüedad, con evidencia (mediante prueba de PCR) de la existencia de tuberculosis (TB) pulmonar. Se descubrió también tatuajes en zonas corporales asociadas frecuentemente con TB ganglionar cervical. Los investigadores teorizaron acerca de la posibilidad de que los hechiceros estuviesen explorando el uso de rituales mágicos para detener la enfermedad; ciertamente, la ciencia tiene como madre a la magia o la hechicería. Más de 1000 años después, aún no sabemos como evitar la TB; hace 118 años Heinrich R. Koch descubrió la existencia del M. tuberculosis y, tan cerca como hace 65 años, descubrimos los antibióticos para ratarla efectivamente de hecho el estudio de la eficacia de la estreptomicina es reconocido como el primer ensayo clínico de la historia de la medicina). Una década después, el tisiólogo Jhon Crofton encabezó el estudio que permitió encontrar la piedra angular de la terapia anti TB: la terapia combinada con por lo menos tres drogas efectivas, concepto que después influiría sobre la necesidad de terapia combinada también para combatir el VIH. En Perú, los desafíos para controlar la TB han sido permanentes y los logros intermitentes. Si hubiésemos desarrollado un esfuerzo efectivo desde la década de 1960, deberíamos haber logrado a fines de los años 1990 tasas de incidencia tan bajas como 10 x 100 000 habitantes, aproximadamente. Sin embargo, variaciones en las políticas de salud, según la moda o tendencia internacional y de manera más importante, variaciones en los presupuestos asignados pare controlarla, han impedido mantener los logros de la década reciente. Ciertamente, la inversión en investigación en TB ha sido la más descuidada de todas, creándonos una situación de dependencia tecnológica, pero también ideológica y económica, cayendo en algunos casos en repetición de investigaciones realizadas en otros países pero sin repercusión en el control de la enfermedad. Pero, esto último es poco, frente a la gran dependencia que sienten algunos responsables nacionales del control de la TB en sus países, respecto de las recomendaciones de los transeúntes expertos en TB de algunos organismos de cooperación multilateral o internacional, a falta de evidencia local.
2010-02-09 | 805 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 26 Núm.3. Julio-Septiembre 2009 Pags. 276-277 Rev Peru Med Exp Salud Publica 2009; 26(3)