Desde que Wilson y Kent desarrollaron el cemento de ionómero de vidrio en Inglaterra en 1969, se pensó que podría incorporarse en el campo odontológico por presentar diversos usos y funciones. Considerado como un restaurador adhesivo y estético capaz de liberar flúor, al principio de su desarrollo presentó diversos problemas, como un fraguado lento, elevada sensibilidad a la humedad, textura irregular de su superficie y una estética deficiente, factores que hicieron que no fuera un material muy popular entre los odontólogos durante sus primeros años. Un muy notable esfuerzo de investigación se ha llevado a cabo en los últimos años que ha beneficiado a la profesión dental con un material que posee mejores propiedades físicas y químicas y muy buenas características de manipulación. Además, su composición original ha sido modificada de manera benéfica en cuanto a su relación polvo-líquido, tamaño de las partículas del polvo y mecanismos de endurecimiento. El ionómero de vidrio en sí mismo presenta en la composición del polvo un vidrio de alumino-silicato con alto contenido de flúor formado por la fusión de algunos componentes como: alúmina, cuarzo, fosfato de aluminio, fluorita y aluminio trifluorurado.
2010-04-06 | 1,479 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 6 Núm.68. Marzo 2010 Pags. 4-5 Odont Moder 2010; 6(68)