Autor: García Procel Emilio
Hoy celebramos, justo y al día, los 150 años de vida de un libro espléndido: El origen de las especies por selección natural. El tiraje de la edición constaba de 1500 ejemplares que se agotaron el mismo día de su aparición al precio de 40 libras o 60 dólares. Darwin es reconocido en todo el mundo como el introductor de la teoría de la evolución mediante la selección natural. En buena medida, la argumentación fundamental de la idea fue consecuencia del viaje iniciado el 27 de diciembre de 1831 y que concluyó el 2 de octubre de 1836. El tiempo empleado en esa travesía puede desglosarse de la siguiente manera: la exploración en tierra constó de tres años y tres meses y 18 meses en mar a bordo del barco inglés Beagle. El famoso viaje suele ser imaginado rodeado de una atmósfera lúdica y evidente, que le llevaron a cosechar deducciones fáciles y obvias. Sin embargo, nada más alejado de la realidad. Darwin perteneció a la pléyade de grandes y acuciosos científicos decimonónicos, de los cuales fue uno de los más representativos. Pasó la mayor parte de su vida entregado a un lóbrego y sombrío mundo enfrascado en la búsqueda de pistas que dirigieran su senda con mayor claridad. Estudió con pasión la Biblia, se mantuvo interesado en la biología, geografía y geología. Acaso de lo más sorprendente resulta saber que quizá sin estos estímulos, jamás habría podido abordar congruentemente sus planteamientos científicos. Buscó infatigablemente ideas a las cuales les aplicaba su experiencia y hallazgos; una vez lograda recibió abrigo y soporte para consolidarla durante 20 años. La mayor parte de su trabajo lo realizó en la soledad de su hogar. Sus conclusiones válidas requirieron un prolongado proceso de ensimismamiento.
2010-08-13 | 1,523 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 146 Núm.2. Mayo 2010 Pags. 87-89 Gac Méd Méx 2010; 146(2)