Cuando la ciencia defrauda

Autor: Carballo Junco José Antonio

Fragmento

Todo ser humano que ha tomado la decisión de vida de incorporar a la ciencia dentro de su forma de pensar y actuar, adquiere la misión de explicar, de alguna forma, cualquier fenómeno de una manera objetiva y racional. Porque si bien la ciencia, como cualquier otra actividad humana tiene fallas, éstas pueden conducir, en mentes poco rigurosas, a obtener conclusiones erróneas o a crear explicaciones que tergiversan la realidad. Y por supuesto, en ocasiones se ha mentido deliberadamente buscando algún beneficio, ventaja o tan sólo por diversión. Tomare un primer ejemplo. En 1912, un abogado y arqueólogo aficionado de nombre Charles Dawson, llevó al encargado del Departamento de Geología del Museo Británico. Arthur Smith Woodward, los restos de un cráneo que parecía humano y que habían sido desenterrados años atrás por los trabajadores de una cantera de grava en la localidad fosilífera de Piltdown en Sussex. A partir de ese momento se activaron las exploraciones en esta zona, y en una de ellas Dawson encontró una mandíbula de forma simiesca pero con los molares desgastados, como se observa en los seres humanos. Al igual que los restos craneales que le habían llevado previamente, la mandíbula tenían un coloración oscura y presentaba fractura de los cóndilos mandibulares; sin embargo, se asumió que los fragmentos de cráneo y la mandíbula formaban parte de un mismo individuo, al que se conoció desde entonces como “el hombres de Piltdown” o Foanthropus dawsonii, y fue considerado la forma humana más cercana a los simios que se había conocido hasta entonces.

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2010-11-03   |   801 visitas   |   3 valoraciones

Vol. 4 Núm.42. Enero 2008 Pags. Odont Moder 2008; 4(42)