Autor: Ceriani Cernadas José María
En los últimos 50 años se han producido cambios significativos en la medicina y en la profesión médica; muchos han sido beneficiosos, otros no tanto, y otros perjudiciales. No obstante, es innegable que hubo reales y notables progresos en la prevención, en el diagnóstico y en el tratamiento de muchas enfermedades. En gran medida esto se debió al enorme desarrollo de la investigación en las ciencias biológicas. Sin embargo, acompañando a este proceso, que, a mi entender se produce demasiado rápido y presenta ciertos cuestionamientos éticos, los avances acarrearon otras consecuencias no tan auspiciosas, tanto para la población en general como para los médicos. Los marcados cambios que sufrió el ejercicio de nuestra profesión transformaron varios paradigmas, entre ellos la disminución de la omnipotencia y el paternalismo médico, que fue algo favorable para la población, pero otros resultaron perniciosos y fueron minando la figura del médico. Múltiples causas participaron en este proceso, entre ellas, el progresivo mercantilismo que fue invadiendo la medicina, el proletariado médico en las empresas que “gerencian” los cuidados de la salud, con el único fin del lucro, y el deslumbramiento por la tecnología y su mal o inadecuado uso. Todos estos aspectos, y algunos más, contribuyeron a una pérdida de los valores éticos y morales de los médicos y por ende a un progresivo deterioro del concepto que la sociedad tenía de ellos. Ya en la década del 80 una encuesta de opinión en los EE.UU. mostró que dos tercios de la población opinaban que los doctores estaban principalmente interesados en "hacer dinero" y que su principal motivación no eran los pacientes, sino las enfermedades. Años más tarde, en 2001, otra encuesta en ese país, reveló que la mayoría de las personas seguía las recomendaciones que aparecen en diarios, televisión e Internet, más que la de sus propios doctores.
2010-11-11 | 754 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 108 Núm.6. Noviembre-Diciembre 2010 Pags. 484-485 Arch Argent Pediatr 2010; 108(6)