24 cuadros por segundo

Autor: Carballo Junco José Antonio

Fragmento

Suena increíble, pero en 1910 se creía que el cine moriría; se decía que era un entretenimiento carente de imaginación, que apenas podía contar una historia y que le faltaba profundidad en el manejo de la psicología de sus personajes. Todo empezó una tarde de noviembre de 1895 cuando Antoine Lumière fue a la oficina del prestidigitador Georges Méliès para entregarle una invitación misteriosa. Antoine, de gustos bohemios, acababa de fundar un taller fotográfico, brillantemente administrado por sus ingeniosos hijos Auguste y Louis. La invitación era para la presentación pública de su último invento, el Cinematographe Lumière, que se efectuaría el día de los Santos Inocentes en el “Salón Indien” del Gran Café de París. Si bien los experimentos previos que desembocaron en el cinematógrafo, comenzaron en los siglos XVII y XVIII con Newton y el Caballero d’Arcy, quienes ya comprendían el efecto de la persistencia retiniana de la imagen en el ojo humano, el cual permite captar, como si estuvieran moviéndose, cuadros fijos dibujados que proyectados a cierta velocidad dan esa sensación como sucede con el taumátropo, creado en 1825 por Fiton y Paris y el zoótropo del inglés Horner; fue hasta el descubrimiento de la fotografía por Mandé Daguerre y Nicéphore Niepce en 1851, con el proceso de fijado llamado colodión húmedo, cuando se generalizó su uso permitiendo que las fotografías se hicieran sobre placas de vidrio que permitían muchos duplicados. Cuando se pasaban veinticuatro imágenes diferentes una tras otra, daban la impresión de haber capturado el movimiento, siendo Thomas Alva Edison quien alimentó la fiebre por la cronofotografía en 1894 al presentar el quinetoscopio, aparato que fundó las bases del cine tal como lo conocemos: en una película de cincuenta pies, perforada en ambos lados, con movimiento constante proyectaban un trozo de film depositando cinco centavos en la máquina proyectora.

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2010-11-25   |   820 visitas   |   Evalua este artículo 0 valoraciones

Vol. 7 Núm.76. Noviembre 2010 Pags. 16-17 Odont Moder 2010; 7(76)