La historia de la medicina:

asignatura interdependiente 

Autor: Medina de la Garza Carlos Eduardo

Fragmento

Desde los inicios de la educación médica formal, existe cierta controversia acerca de si la historia de ésta ciencia, deba ser enseñada en el ámbito de las escuelas y facultades. Quienes se dedican a la medicina pueden considerar el conocimiento de las raíces de la profesión como una parte importante en su formación académica y cultural; sin embargo no todos coinciden en ello. La medicina es indudablemente una actividad social y el estudio de su historia permite que el médico valore y entienda su posición dentro de la estructura social; y contribuye a crear un enlace conceptual entre el pensamiento humanista y el pensamiento científico en el médico. El libro Historia y evolución de la medicina, de los profesores de la Facultad de Medicina de la UANL, Dr. Luis Cavazos Guzmán y Dr. José Gerardo Carrillo Arriaga, es una obra que busca acercar esta disciplina a los estudiosos del área. El texto se compone de cuatro unidades, en las que se reconocen 20 capítulos: La primera unidad trata de la salud y enfermedad del hombre primitivo, las culturas mesopotámicas, del antiguo Egipto, la cultura hebrea, la antigua India, China, y las culturas precolombinas. La unidad dos se ocupa de la etapa racional de la medicina, a la cual estudia en cinco capítulos: la influencia de la filosofía presocrática en la medicina griega, la medicina hipocrática, la medicina de la época romana, la medicina de la edad media y la medicina en las culturas árabes. La unidad tres se ocupa de la etapa científica de la medicina; en ella, los capítulos abordan los descubrimientos e inventos que revolucionaron el diagnóstico de las enfermedades y los avances en la cirugía, incluyendo la anestesia y la antisepsia, los cuales, en nuestra opinión, marcan a mediados del siglo XIX el punto de partida de la medicina moderna.

Palabras clave:

2010-12-21   |   1,265 visitas   |   5 valoraciones

Vol. 12 Núm.48. Julio-Septiembre 2010 Pags. 197 Med Univer 2010; 12(48)