Editorial

Fragmento

La práctica odontológica, al igual que todas las demás disciplinas médicas, entraña una gran responsabilidad debido a que la materia prima de su trabajo e investigación es el propio ser humano. Dicha responsabilidad solamente puede lograrse mediante la maduración interna de ciertos conceptos que hacen del especialista un buen médico. Estas características se desprenden del ineludible cuestionamiento personal que se da a lo largo de la vida, mientras se es estudiante y, después, en la práctica profesional: ¿qué es ser médico odontólogo?, ¿cuál es mi deber? Los alcances de esta reflexión van mucho más allá de los postulados del Juramento Hipocrático: son parte fundamental del crecimiento de todo ser humano que aspira a la perfección y a servir al prójimo, con un objetivo de carácter holístico, fuera de sí mismo, que no se detiene en el trabajo a cambio de beneficios económicos, o la búsqueda por la supervivencia; la cual una vez solventada, proporciona la estabilidad necesaria para dejar al individuo —al médico odontólogo, en este caso— el espacio mental y emocional suficiente para poner todas sus energías en pos de su continuo crecimiento individual, que de manera óptima tendría que ser en dos direcciones: hacia adentro, es decir, buscando la actualización y la especialización de sus conocimientos; y por ende, hacia afuera, siendo una mejor herramienta para aliviar el sufrimiento humano.

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2011-04-29   |   512 visitas   |   Evalua este artículo 0 valoraciones

Vol. 2 Núm.5. Febrero 2010 Pags. 2 Rev Nal Odontol Méx 2010; 2(V)