Autor: Ortiz Quezada Federico
Para el estudio histórico de una especialidad, uno debe remitirse a varios aspectos: el conocimiento de los órganos; la aparición de la enfermedad en cuestión; la práctica que se desarrolló para curarla –el tratamiento–; la teoría, consecuencia de tal práctica y la formación de agrupaciones médicas (sociedades) que se abocaron al estudio de tales padecimientos. Resulta evidente que lo anterior está estrechamente vinculado a la evolución socio-histórica de la humanidad y por ello me referiré, aun cuando brevemente al surgimiento de distintas civilizaciones. Si acaso el lector desea profundizar en el tema le recomiendo que lea, de mi autoría: La enfermedad y el hombre, Historia del pensamiento médico, Principia Médica. Lo expresó con claridad el filósofo holandés Baruch Spinoza cuando, en el siglo XVII, dijo que “El orden y el encadenamiento de las ideas es el mismo que el orden y encadenamiento de las cosas”. Más elocuente, Jules Michelet afirmó, en el siglo XIX: “Pobre del que pretenda aislar una parte del conocimiento del resto del saber... la ciencia es una: las lenguas, la historia y la literatura, la física, las matemáticas y la filosofía, las materias más alejadas en apariencia unas de otras, se encuentran en realidad relacionadas o, mejor dicho, forman todas ellas un solo sistema.” La experiencia de mi vida me ha permitido comprobar lo dicho por Spinoza y Michelet y advertir que, como resultado, la medicina, causa y consecuencia de otros órdenes intelectuales, evoluciona con ellos, lo cual explica su vocación interdisciplinaria y su progreso.
2011-07-07 | 952 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 26 Núm.2. Mayo-Agosto 2011 Pags. 89-91 Bol Coleg Mex Urol 2011; XXVI(2)