Autor: Braun Rafael
Quisiera, ante todo, agradecer esta invitación a participar en el Congreso que celebra el centésimo aniversario de la Sociedad Argentina de Pediatría. La he aceptado no porque tenga conocimientos sobre la materia, sino por el deseo de acompañar a quienes se han entregado, con cabeza y corazón, a una especialidad médica enfocada a los comienzos de la vida humana. Los progresos científicos en la materia han sido admirables en este siglo, pero también es admirable la entrega de quienes, en los equipos de salud, han decidido poner sus vidas al servicio no sólo de los niños sino de todos sus prójimos. El título de mi reflexión no pretende proponer un paradigma nuevo en el campo de la pediatría. Conozco el lema de la SAP: “Por un niño sano en un mundo mejor”. Desde la filosofía me pregunto qué es un niño sano y un mundo mejor. En una sociedad pluralista como la nuestra, debemos aceptar que una misma pregunta no significa obtener una única respuesta. De hecho, cada profesional actúa según su concepción de qué es el ser humano y de cómo debe ser un mundo mejor. Aportar una visión desde la antropología filosófica sólo procura agregar una mirada racional al debate permanente abierto a la verdad y al bien. Del mismo modo que las teorías científicas –que no son más que conjuntos de hipótesis a verificar– se van enriqueciendo con los nuevos descubrimientos, las visiones de la persona humana tienen también que hacer este esfuerzo tomando en cuenta el crecimiento del saber en campos diferentes al propio. El enfoque multidisciplinario es arduo, pero la especialización creciente de la ciencia sugiere estar abierto a puntos de vista complementarios.
2012-01-06 | 718 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 109 Núm.6. Noviembre-Diciembre 2011 Pags. 504-509 Arch Argent Pediatr 2011; 109(6)