Editorial

Autor: Robles Juan Manuel

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La anestesia es un elemento de vital importancia en la práctica médica y dental. En nuestro primer artículo y de portada abordamos precisamente esta cuestiónmédica y dental. De hecho, los dentistas tienen una variedad de soluciones anestésicas a su alcance. Aunque estas soluciones son consideradas como generalmente efectivas para proveer al paciente de un entorno libre de dolor para el tratamiento dental, el fracaso en la anestesia local permanece como un problema común en ciertas instancias. Los clínicos han buscado constantemente una solución anestésica con una mejor tasa de éxito que los anestésicos disponibles, los cuales han demostrado estar muy por debajo del 100 por ciento, particularmente en procedimientos que afectan la mandíbula posterior. Aunque por algún tiempo las soluciones anestésicas con contenido de lidocaína han sido empleadas con mayor amplitud, por ejemplo en los Estados Unidos, hay otras soluciones con contenidos de otros anestésicos, la aprobación del uso de la articaína como anestésico por parte del Departamento de Medicamentos y Alimentos de los E. U. (FDA por sus siglas en inglés) ha dado a los clínicos otra opción. La lidocaína ha estado disponible en los Estados Unidos por más de 60 años, mientras que la articaína fue aprobada para su uso en los Estados Unidos en Abril del 2000. Como bien sabemos la cocaína fue el primer anestésico utilizado en la odontología. Hoy este mismo producto es tabú para buena parte del planeta que lo cataloga como un adictivo muy fuerte y que es utilizado indistintamente por la sociedad moderna. Ni pensar en otra droga como fue la mariguana empleada por los aztecas, que si empleaban algunas yerbas que adormecían la conciencia y disminuían el dolor, esto no era con fines de poder realizar sencillas operaciones con menores molestias para los pacientes, sino más bien, -y eso en todas las ocasiones- para menguar los sufrimientos de los prisioneros a quienes se sacrificaban ante los dioses. En el México Independiente, los procedimientos anestésicos sólo alcanzaban la ingestión de bebidas alcohólicas. Es hasta el 16 de octubre de 1846 en que la anestesia aparece a través del éter, administrada por Morton en el Hospital General de Massachussets, en donde se inicia la verdadera época de la anestesia quirúrgica. El primer médico mexicano que usó el éter y el cloroformo, fue el Doctor Pablo Martínez del Río, quien al hacer mención de su uso, no señalaba la fecha en la que la empleó, citado en su trabajo presentado en la Academia Nacional de Medicina de México, en el año de 1878. Lic. Juan Manuel Robles Editor

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2012-02-22   |   813 visitas   |   Evalua este artículo 0 valoraciones

Vol. 4 Núm.3. Septiembre-Noviembre 2011 Pags. 2 JADA en español 2011; 4(3)