Autor: Franco Vicario Ricardo
A lo largo de mi vida he participado en muchas tareas corporativas, profesionales, institucionales, cívicas, recreativas, etc..., y he desempeñado cargos de diferente nivel jerárquico y responsabilidad. La gente más cercana dice de mí que lo mismo plancho un huevo que frío una corbata; cómica manera de describir una personalidad que muestra interés por casi todo lo que le rodea y es capaz de hacer muchas cosas diferentes. Un sujeto hiperactivo, pero sin trastorno de la atención. Todo lo contrario. Cuando el ilustre académico, el Prof. José Antonio Iriarte Ezkurdia, me propuso para formar parte de esta Real, señera y gloriosa institución, heredera de la Real Academia Médica Matritense (1734), confieso que sentí, como diría un argentino: un ataque de importancia. Ciertamente supone un halago digno de agradecer que personas tan relevantes en el mundo científico médico piensen que yo pueda serles útil en los fines que persiguen. En este momento tan solemne y en este lugar que es la Casa de la Villa, aunque decorativamente parezca que estamos en Marrakech, quiero en primer lugar evocar con especial devoción la figura del Prof. Víctor Bustamante Murga, que me inculcó el germen vocacional y guió hasta su muerte mi devenir profesional. Su discurso de ingreso en esta Real Academia hace 20 años (1991), titulado El rostro humano de la Medicina, es un valiosísimo legado que permanecerá vigente en las generaciones venideras. El párrafo final de su discurso responde a la pregunta: ¿Cómo debe ser su médico?, tu médico debe ser como tu amigo, alguien al que puedas hablar con sinceridad, a quien estimes, en quien confíes y a quien respetes.
2012-06-18 | 528 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 108 Núm.3. Julio-Septiembre 2011 Pags. 81-93 Gac Med Bilbao 2011; 108(3)