Desarrollo embriológico de la lengua, paladar y maxilares

Autor: Nolasco Herrera Hilda

Fragmento

En los inicios de la gestación, el embrión humano es muy parecido al de muchos otros animales. Baste recordar que al principio los ojos están a los lados y en el rudimento de la porción cefálica no se distinguen adecuadamente los componentes de la futura cara. Estos cambios aparecen muy rápido, de manera tal que hay varias migraciones de sus diversas porciones las que se acomodarán de manera armónica con el paso de los días y de las semanas. Algunas estructuras formarán una porción de la cara y en diferentes tiempos. Desarrollo de la lengua Su formación se hace de manera inusitada, con la participación del primer y tercer arcos y de los somitas occipitales, que son bloques o segmentos musculares asociados con la columna vertebral en desarrollo. El piso del estomodeo inicial está formado por una serie de crestas y tumefacciones. La primera elevación es el primer arco branquial, que se ha fusionado con su compañero y sobre el cual se encuentra una serie de tumefacciones que comprenden un tubérculo impar de la línea media flanqueada por abultamientos linguales. La segunda cresta es el segundo arco, detrás se encuentra un abultamiento de la línea media llamado eminencia hipobranquial, flanqueado por las apófisis del tercer arco, que no se unen en la línea media. Los dos tercios anteriores de la lengua estarán formados por los abultamientos linguales y el tercio posterior por la eminencia hipobranquial. Sus músculos se desarrollan a partir de los somitas musculares que emigran hacia delante desde la región occipital, llevando consigo la inervación del XI par craneal. Este desarrollo insólito explica su complicada inervación, o sea, la inervación sensorial de los dos tercios anteriores de la lengua a cargo del V par craneal (del primer arco) y la del tercio posterior por el IX par (del tercer arco). La inervación motora de sus músculos proviene del hipogloso.

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2012-08-27   |   13,876 visitas   |   1 valoraciones

Vol. 8 Núm.95. Junio 2012 Pags. 1 Odont Moder 2012; 8(95)