Autores: Calderón Balderas Yuvia Zamara, Morales Barradas Nayeli, Rebolledo Sánchez Patricia, Hernández Ramón Christian David, Villegas Vázquez Lina Nailea
Introducción
Uno de los más grandes problemas de la salud pública en México es la obesidad y aún más cuando se trata de los infantes y adolescentes, ya que tiene un factor de riesgo de seguir con el mismo estilo de vida y lleguen con obesidad a la adultez. Además, la inseguridad alimentaria (IA) puede afectar el estado nutricional del adolescente ya sea por la falta de disponibilidad, estabilidad o el acceso a los alimentos o incluso por la sobrealimentación1. La obesidad no solo se encuentra determinada por factores nutricionales y socioeconómicos, sino que también se ve influenciada por variables psicológicas. Diversos estudios han evidenciado que el comportamiento alimentario está firmemente ligado a factores emocionales, lo cual puede generar patrones de sobrealimentación o restricción alimentaria; un ejemplo de ello, son los pensamientos negativos que pueden conllevar a episodios de ingesta excesiva de alimentos, como un mecanismo de afrontamiento, mientras que los pensamientos positivos pueden incentivar la autorregulación del consumo de alimentos más sanos 2. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) la IA es cuando se carece de acceso, la falta de disponibilidad o la falta de recursos para obtener alimentos nutritivos e inocuos para llevar una vida saludable3. La desinhibición alimentaria también aborda da como comportamiento alimentario compulsivo se refiere a la pérdida del control sobre la cantidad de alimentos que consume, por lo regular consumiendo en excesos aun cuando no se tiene hambre. Se puede decir que es un comportamiento cercano del espectro de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), que puede suceder por diversas situaciones tanto emocionales, percepción de alimentos prohibidos y el entorno4. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2020 sobre COVID-19 (ENSANUT) refiere que hubo un incremento del sobrepeso y obesidad tanto (2018-2020) para hombres (20.6 a 26.9; 15.1 a 16.2) y mujeres (26.9 a 26.7; 14.1 a 17.9) respectivamente, lo cual refleja un incremento en el sobrepeso de los hombres de 6.3pp y en obesidad de 1.1pp. Para las mujeres aunque hubo una reducción del sobrepeso en 0.2pp hubo un incremento en la obesidad de 3.8pp 5. De igual forma de acuerdo a la ENSANUT 2020 se acentúa que el 40.9% de las familias del país cuentan con seguridad alimentaria (SA) mientras que el 59.1% cuenta con algún grado de IA, asimismo, resalta que al menos 20.6% de las familias de México redujeron las porciones de alimentos que consumían o en el peor de los casos, dejaban de alimentarse en todo un día debido a la falta de dinero u otros medios; de acuerdo a cifras del del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en el mismo año, demostró que el 8.5% de las familias mexicanas se situaba en pobreza extrema y cerca del 22.5% de la población no contaba con acceso a una alimentación nutritiva y de calidad6. Como resultado la obesidad tanto en la etapa de la adolescencia como en la adultez se asocia a un incremento del síndrome metabólico, riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus II, además, existe una fuerte asociación de la obesidad con el cáncer. Si bien la relación que existe entre la SA, los hábitos alimentarios y el estado nutricional es clara, se necesitan tener más evidencias de estas asociaciones en distintos contextos poblacionales, particularmente en los adolescentes. También es indispensable analizar las asociaciones entre éstas, ya que existe muy poca investigación al respecto cuando se relaciona la IA con el consumo de alimentos. También, es indispensable incorporar índices antropométricos adicionales al IMC para una evaluación completa del estado de nutrición, sobre todo aquellos índices que incluyan la medición de la cintura, debido a que son un mejor predictor del exceso de peso 7,8.
Materiales y métodos
El presente es un estudio transversal, descriptivo, comparativo y correlacional, en el cual participaron 308 adolescentes, de diversas escuelas de nivel bachillerato en la ciudad de Vera cruz, México, donde el 60% fueron mujeres y el 40% fueron hombres, la media de edad e IMC fue de 17.1 años (DE: 1.2 años) y 24.2 kg/m2 (DE: 6.7) respectivamente. A través de un cuestionario, se recolecto la información sobre: 1) datos personales, 2) U.S. Household Food-Security/ Hunger Survey Module, 3) cuestionario de consumo de alimentos, 4) evaluación del estado de nutrición de los adolescentes (peso, talla y circunferencia de cintura), 5) consentimiento informado para los padres o tutores y asentimiento in formado para los adolescentes. Siempre en concordancia con lo solicitado en la Declaración de Helsinkin de 1975. La U.S. Household Food-Security/Hunger Survey Module es un instrumento validado para adolescentes mexicanos en el cual se establece que hay SA cuando ninguna respuesta es afirmativa. También, nos permite medir el grado de IA, cuando se tiene más de una respuesta positiva (1 a 2 moderada, 3 a 5 severa). Se les pregunto el tiempo que tardaban en co mer ya que existe evidencia que las personas obesas comen más rápido que los normopeso9, la escala de desinhibición alimentaria contaba con 13 items las cuales fueron dicotomizadas (a veces y si =1; no=0), se formaron 5 grupos de desinhibición alimentaria (hambre ante estímulos, comer por estado emocional, comer sin hambre, comer rápido y comer alimentos que le gustan). Para el consumo de alimentos se realizó un cuestionario donde se contemplaron 25 alimentos que más se consumen, éste se elaboró para distinguir las diferencias en la dieta de los adolescentes por lo cual no se evaluó el tamaño de las porciones, además, se tomó como referencia una semana como periodo esto para reducir el efecto de la memoria. Los items fueron dicotomizados si con sumió (1) o no (0). Para evaluar el estado de nutrición se capacitó a estudian tes de nutrición. El peso fue determinado al valor más cercano a 0.1 kg, utilizando una balanza eléctrica y la talla al valor más cercano a 0.5 cm, utilizando un estadiómetro. Se solicito a los adolescentes portar ropa ligera y sin calzado durante lasa medición. El perímetro de cintura fue medido tomando el punto medio entre la última costilla y el borde superior de la cresta ilíaca, empleando una cinta métrica metálica. Se utilizaron los siguientes puntos de corte para establecer la presencia de obe sidad: circunferencia de cintura (>70 cm) e índice cintura-ta lla (> 0.50 cm) 7,8. Para el análisis de datos se utilizó el software SPSS versión 26. Los datos mostraron una distribución normal, se utilizaron métodos paramétricos como medias y distribución estándar y los estadísticos de t de Student y ANOVA para medir las diferencias entre grupos independientes, las correlaciones de Pearson determinaron el grado de asociación entre las variables, con una significancia estadística con un valor p < 0.05; considerando asociación baja entre 0.20 y 0.50; moderada entre 0.50 y 0.80; y alta si es > 0.81.
Resultados
Se observó que la mayoría de los adolescentes (41%) presentaron algún grado de IA, mientras que el 59% cuenta con SA (Tabla 1). Dentro del grupo con IA, el 32% corresponde a moderada y 9% a severa (Tabla 1). La desinhibición alimentaria se encontró tanto en adolescentes de nivel socioeconómico bajo como alto, reportándose en más del 50% de los casos. Al analizar las medias, se encontró que las familias que viven con IA tienen un nivel socioeconómico medio a bajo (p= 0.001), mientras que los adolescentes que presentaron mayor hambre ante estímulos pertenecían a un nivel socioeconómico alto (p=0.000). Asimismo, al evaluar por sexo, la desinhibición alimentaria mostró diferencias significativas para hambre ante estímulos (p= 0.001), comer rápido (p= 0.000), comer alimento que te gusta (p= 0.001), comer por estado emocional (p= 0.005) y comer sin hambre (p= 0.051). Por otra parte, el consumo de frutas fue mayor en adolescentes con nivel socioeconómico bajo (p=0.045); respecto a la obesidad, medida por CC se observo una mayor prevalencia en adolescentes de nivel socioeconómico alto (p= 0.025) (Tabla 1). Al analizar las asociaciones entre las variables, se encontró que la SA tiene una asociación positiva con el consumo de alimentos altos en energía, el IMC y la CC (r= 0.097, 0.095 y 0.111, respectivamente). Asimismo, el hambre ante estímulos y comer por estado emocional mostraron asociaciones positivas con el consumo de alimentos altos en energía (r= 0.122 y 0.187, respectivamente). De igual manera, comer sin hambre mostró una asociación negativa con el consumo de proteínas (r=-0.092) y una asociación positiva con el índice cintura-talla (ICT) (r=0.084); comer rápido tuvo correlaciones positivas con el consumo de proteínas, el ICT y la CC (r= 0.139, 0.097 y 0.122, respectivamente), pero una correlación negativa para el tiempo destinado para comer (r=-0.025). Por último, comer alimentos que gustan evidenció correlaciones positivas con el consumo de alimentos altos en energía y proteínas (r= 0.196 y 0.085, respectivamente), pero asociaciones negativas con el IMC, el ICT y la CC (r= -0.089, -0.160 y -0.143, respectiva mente) (véase Tabla 2 en p. 24).
Discusión
Los resultados de la presente investigación demuestran que los adolescentes que viven con IA independientemente del nivel socioeconómico, muestran valores más altos de IMC y CC, lo que implica una relación entre la IA y un estado de malnutrición por exceso de peso. Este resultado es consistente con investigaciones previas que han documentado una “paradoja de la inseguridad alimentaria”, en la cual la falta de acceso constante a alimentos saludables puede llevar a un incremento en el consumo de alimentos de baja calidad nutricional y alta densidad energética, favoreciendo el desarrollo de sobrepeso y obesidad10. De esta manera, diversas investigaciones han evidenciado que las familias con IA tienden a consumir alimentos más económicos, los cuales suelen ser más altos energía y pobres en nutrientes11. Dicha tendencia podría explicar los resultados observados en nuestro estudio, en donde los adolescentes con IA presentaron un incremento en el consumo de alimentos altos en energía y una mayor prevalencia de obesidad, particularmente cuando se evaluó por CC. Otro resultado encontrado fue que los adolescentes que presentaban desinhibición alimentaria mostraban valores significativamente más altos de IMC; ICT y CC. Dichos resultados son similares con investigaciones previas que han denotado que la desinhibición alimentaria es un factor de riesgo del sobrepeso y obesidad, a causar de la perdida de control sobre la ingesta alimentaria y la tendencia a consumir más cantidades, en particular en respuesta a estímulos emocionales12. De igual manera, el hambre ante estímulos y comer por estado emocional se correlacionaron con una mayor ingesta de alimentos altos en energía, lo que coincide con estudios que señalan que estos comportamientos pueden estar vinculados a una regulación inadecuada del apetito y un incremento en la preferencia por alimentos palatables10–12. Por otra parte, el hecho de que el consumo de frutas fuera mayor en adolescentes con nivel socioeconómico bajo es resultado interesante y contrario a lo que se reporta general mente en la literatura. Estudios previos han evidenciado que los adolescentes de nivel socioeconómico más bajos tienen menos posibilidad de acceder al consumo de frutas y verduras, debido al costo y disponibilidad limitada en ciertas regiones1. No obstante, en nuestro estudio dicho grupo reportó un mayor consumo de frutas, lo que podría estar condicionado por factores culturales o por algún tipo de apoyo alimentario. Cabe resaltar que la relación entre la IA y la obesidad no es lineal, sino que es multifactorial, incluyendo la calidad de la dieta, patrones alimentarios y el acceso a recursos para la obtención de alimentos más saludables1. Por último, nuestros resultados refuerzan la importancia de considerar la IA y la desinhibición alimentaria como factores interrelacionados en la génesis de la obesidad en adolescentes.
Conclusión
Este estudio evidencia una correlación entre la IA y el IMC, lo que propone que la malnutrición por sobrepeso u obesidad puede experimentar IA. De igual manera, se identificó que el nivel socioeconómico influye significativamente en los hábitos alimenticios y en el estado nutricional, consolidando la importancia de considerar el contexto socioeconómico al analizar el riesgo de obesidad en esta población. Asimismo, la asociación entre desinhibición alimentaria y obesidad propone que los patrones alimenticios desregulados pueden desempeñar un papel fundamental en el incremento de peso y en la composición corporal de los adolescentes. Dichos resultados resaltan la importancia de abordar la IA desde una perspectiva integral, promoviendo el acceso a una alimentación equilibrada, saludable y culturalmente adecuada, con el propósito de prevenir enfermedades cardio-metabólicas en la adolescencia y la adultez. Para futuras intervenciones, recomendamos la incorporación de indicadores adicionales del estado de nutrición tales como: la talla para la edad, presión arterial, glucosa en sangre, hemoglobina y ferritina, con el propósito de obtener un panorama más completo de los efectos de la IA en el bienestar de la población. De igual manera, resulta imperante realizar estudios longitudinales los cuales permitan analizar la evolución de dichas asociaciones a lo largo del tiempo y determinar si existe alguna relación causal entre la IA, la desinhibición alimentaria y la obesidad en adolescentes.
Palabras clave: obesidad inseguridad alimentaria hábitos alimentarios
2025-06-17 | 138 visitas | 1 valoraciones
Vol. 20 Núm.1. Enero-Abril 2025 Pags. 20-26 Rev Invest Cien Sal 2025; 20(Supl. 1)