A propósito del Día del Bibliotecario cubano en el año 2007

Autor: López Espinosa José Antonio

Fragmento

Casi siempre cuando se consultan diccionarios, enciclopedias u otras obras de referencia no especializadas, ya se hayan producido en tiempos anteriores o en la época actual, es notorio el razonamiento tan estrecho que en ellas se le confiere al término bibliotecario, al definirlo, con más o menos amplitud, como la persona que se ocupa del cuidado y la dirección de una biblioteca. Esta definición, que por cierto ha estado siempre muy lejos de abarcar siquiera en parte la magnitud y la importancia de la verdadera labor de este profesional, está ahora más fuera de lugar que nunca si se tienen en cuenta las funciones que ha asumido, no solo en la agregación de valor a la realización de sus tradicionales tareas de guardador, procesador y recuperador de información, aparte de la de velador y prestador de fondos documentarios, sino también en la posición que ocupa ya en su calidad de creador, comunicador y hasta de generador de nuevos conocimientos. En la medida en que la tecnología moderna empuja de oficio hacia una sociedad que exige mucha información, se aprecia un marcado cambio en la cultura de su uso y, por tanto, del modo de hacerla asequible. Esto implica que las habilidades y capacidades que se exigen al bibliotecario actual son mucho más ambiciosas que aquellas con las cuales cumplía sus funciones hasta hace relativamente poco tiempo. Él debe ser capaz de crear y desarrollar productos y servicios de información a partir de la asimilación y explotación de las tecnologías modernas de la información y la comunicación, lo cual constituye una condición indispensable para que el sistema de información dentro del cual se encuentra involucrado funcione de la forma más fácil posible. Los servicios a los cuales se puede acceder gracias a las bondades de Internet, amplían de modo considerable las posibilidades de obtener información relevante en el momento oportuno. Pero no se puede dejar de considerar que siempre hay alguien en algún lugar que necesita información con determinadas características, circunstancia que reclama que el bibliotecario tenga “luz larga” para recopilar de antemano esa información y la tenga preparada para un posible uso futuro. De ahí se desprende que, con independencia del cumplimiento de su función ostensible de satisfacer demandas y necesidades de actualidad, este profesional debe prever también las probables y reunir el material que puede ser relevante o pertinente en virtud de los perfiles de sus usuarios potenciales.

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2007-10-05   |   514 visitas   |   Evalua este artículo 0 valoraciones

Vol. 15 Núm.6. Junio 2007 Pags. Acimed 2007; 15(6)